Acelerar la educación boliviana
Es tiempo de recuperar la normalidad siempre que la normalidad fuera buena, si no, como en el caso de la educación, debería ser la oportunidad de revolucionar
Acabado el Carnaval, toda retomar las actividades en este 2 de marzo, que viene a ser algo así como el inicio oficioso del año 2022 a todos los niveles: político, económico, social y cultural, ahora, sí, con una incómoda presencia: aunque nos hayamos olvidado de la pandemia entre festejos y guerras, sigue ahí.
Las urgencias son múltiples porque la pandemia ha causado estragos profundos, y también el ciclo de demasiada política, que empezó en 2018, ha dejado demasiadas cosas sin completar.
La principal debe ser el retorno seguro a las aulas de los estudiantes de todos los niveles. Se van a cumplir dos años desde que se cerraron y todavía quedan demasiados colegios que no han retornado, o lo hacen de forma temporal o con horarios reducidos, muchas veces sin un criterio realmente epidemiológico, sino exclusivamente en función del miedo que expresaran los padres o las comodidades que pudieran alcanzar los docentes.
Quizá los contenidos sean lo menos importante de lo que los estudiantes aprenden en el colegio, que es sobre todo una escuela social y de valores para la vida, y por otro lado, el espacio donde se adquieren técnicas y destrezas a través de la repetición, como el de agarrar una lapicera, multiplicar, recitar la tabla de valencias y otras habilidades. Estas dos vertientes han estado ausentes en aquellos lugares donde los niños han estado aislados, incluso si han pasado clases virtuales, pues por lo general padres y niños han acabado suficientemente exhaustos y estresados en cada sesión como para abordar otros refuerzos.
Por ello, estamos ante unas generaciones de estudiantes que han olvidado compartir y convivir con sus pares en el recinto escolar, pares diferentes al vecino, al primo o al hermano mayor con el que han soportado la pandemia.
También estamos ante una generación que no tiene constancia en el trabajo repetitivo – salvo en los videojuegos – y que apenas ha desarrollado su motricidad fina, es decir, que dejarán de escribir a mano.
Ahora, que los contenidos no sean lo más importante no quiere decir que los estudiantes puedan promocionar sin haber cumplido con lo elemental, pero con excelencia, y es importante hacer énfasis en esto porque hace años, con educación presencial y todo lo demás, que en demasiados colegios la exigencia se ha rebajado mucho, con el posterior efecto entre la comunidad universitaria y después, los colegios profesionales.
Es necesaria una reflexión inicial sobre la fecha, pues no parece muy oportuno retornar justo después de que el virus vuelva a circular luego de tremendo carnaval que nos hemos regalado. Inmediatamente después es urgente que se plantee una reforma a profundidad de todo el sistema educativo, pues no se trata de retornar, sino que es necesario recuperar, y ya puestos, acelerar para ponernos de una vez al nivel de nuestros vecinos, que en esto nos vienen ganando por goleada.
Es tiempo de recuperar la normalidad siempre que la normalidad fuera buena, si no, como en el caso de la educación, debería ser la oportunidad de revolucionar. Necesitamos invertir más, necesitamos comprometernos más, necesitamos bolivianos mejor formados.


