La guerra y el imperio
Putin es el jefe del partido nacionalista ruso, lo más cercano a la ultra derecha europea, pero Rusia no es un Estado nación sino la representación del imperio eslavo y como tal actúa
Probablemente Vladimir Putin iba ganando la guerra hasta que la inició. Y es que, en la batalla de la opinión pública, a pesar del estatus de la “verdad – OTAN”, con todos los medios occidentales a su servicio incluso en los países no alineados, se entendía perfectamente el argumento ruso sobre la amenaza permanente de la Alianza Atlántica, avasallando y avanzando hacia su territorio por encima de los acuerdos que se concretaron con la caída de la URSS y el fin de la Guerra Fría.
La cuestión es que la batalla está vez no es por la opinión pública, sino por el poder real, y eso Putin - que lleva años de adelanto en eso de la guerra sucia en Internet - lo sabe perfectamente. Esta vez no se trata de caer simpático, sino de ganar.
Es verdad que ya no existe el mundo bipolar que durante 60 años enfrentó a soviéticos y estadounidenses. También es verdad que la hegemonía capitalista sin socialismo al frente duró apenas una década, básicamente porque los países afectados por las tesis modernas del neoliberalismo, como Bolivia, quedaron rápidamente esquilmados. Y también es verdad que lo del mundo multipolar es una quimera.
Básicamente se trata de una acumulación de señales que han evidenciado el declive OTAN, que desde el 45 administra la mentada "legalidad internacional" en función de sus intereses. Esa que no se aplicó en Afganistán, ni en Irak, esa que se pisoteó para matar a Gadafi en su Libia y que ha dejado a la deriva a los sirios, esa que cierra los ojos en Yemen, y en el cuerno de África. Esa que se menta para recordar que en Minsk se pactó la no ocupación de Ucrania, pero se olvida de que también se pactó un armisticio en las regiones rebeldes del Donbas, al este de Ucrania, que ocho años después se ha cobrado 15.000 vidas.
Putin es el jefe del partido nacionalista ruso, lo más cercano a la ultra derecha europea, pero Rusia no es un Estado nación sino la representación del imperio eslavo. Ambos buscan protegerse, pero el imperio lo hace a través de la agresión, subordinando los intereses de los otros a los suyos. Lo que hace Estados Unidos. Lo que hace China. Lo que puede hacer Brasil. Un concepto diferente al de la Patria Grande Sudamericana que plantea la suma de los intereses y la conformación de intereses regionales a proteger en el escenario internacional.
Rusia se ha lanzado a por todas después de los muchos fracasos OTAN - con el aeropuerto de Kabul en la memoria - y de su literalmente increíble retórica de la sanción. Mientras Rusia arrasa Ucrania, la OTAN despliega tropas en Alemania, deja sin Champions a San Petersburgo y sin tarjetas a los ricos que financian a Putin, pero ni siquiera se atreve a desconectarla del sistema Swift, que hubiera generado el pánico financiero mundial, pero sobre todo en Moscú.
Nadie puede estar a favor de una guerra, del uso de las armas para resolver conflictos diplomáticos o de seguridad, peor de la ocupación de un país soberano (igual Ucrania que Irak), por mucho desdén que genere su gobierno.
En tiempos de guerra, la cabeza fría es importante, igual que la independencia y, si procede, la neutralidad. Condenar la invasión es una cosa y comprar los argumentos de alguno de los bandos es otra. Vendrán días de más presión.


