La urgencia de un plan hidrológico departamental

Después de los años y los ingentes recursos que pasaron por Tarija, el agua sigue siendo el gran déficit pendiente en todo el territorio y lo seguirá siendo en el futuro si no se aborda de forma integral

Pasan los años y las noticias de la época vienen a ser las mismas, no por falta de imaginación de los redactores, sino por la seriedad de las urgencias, agravadas además por el paso del tiempo. La principal sigue siendo la falta de agua potable, la sequía, y además, las inundaciones. En esas, Tarija tiene una triste relevancia por la acumulación.

Y es que tan habitual es reportar la sequía en la zona alta que vacía las lagunas de Tajzara y castiga las cosechas de Iscayachi que con tanto esfuerzo se preparan, como llegado el momento se reportan las riadas en Paicho, arruinando los durazneros después de intensas lluvias.

Y es que tan habitual es reportar la falta de agua en el Chaco, con las pilas vacías y las vacas muriendo al costado de las carreteras, como las posteriores inundaciones por las crecidas de agua y lodo del río Pilcomayo.

En Cercado, en San Lorenzo, los riesgos para la vendimia de Uriondo y los estragos que este año se han causado por ejemplo en Timboy y toda la zona, los problemas con el agua son recurrentes.

Si alguien se lleva la palma es Bermejo, una ciudad verdaderamente heroica, botada en la frontera más al sur entre cañaverales, defendiendo la soberanía del petróleo desde antes incluso de su propio nacimiento, padeciendo hoy los rigores del tipo de cambio, del contrabando y el narcotráfico, y sin que en tantos años de bonanza alguien haya podido resolver de una buena vez el problema con el agua, que además es eléctrico y que genera innumerables problemas de salud entre los bermejeños. ¿Acaso no tienen derecho? ¿En qué estaban pensando tantos alcaldes que pasaron por esas nobles tierras? ¿En qué estaban pensando todos los demás?

Por Tarija pasaron más de 18.000 millones de bolivianos en los años de bonanza y a cada rato se anuncian desde el poder central proyectos de riego, de agua, de atajados. Mi Agua I, Mi Agua II, Mi Agua III, docenas de proyectos del Prosol, del fondo indígena y todo lo demás, y los problemas siguen siendo prácticamente los mismos: sequía cuando tarda en llover, riadas cuando llueve.

Es verdad que hay problemas muy específicos y identificados en cada una de las regiones del departamento, algunas que requieren soluciones específicas y que ni siquiera son muy complicadas, pero también es verdad que hace falta actualizar a los nuevos tiempos y poner en vigor un verdadero plan hidrológico departamental que regule las cuencas, garantice el suministro y abastecimiento a la población y optimice el uso agrícola e industrial. Vamos, un trabajo en serio.

El lugar de debate es la Asamblea, y la iniciativa debe correr por el ejecutivo con un mínimo consenso de las organizaciones, pero es necesario resolver el problema del agua de raíz. En cualquier caso, llega tan tarde que no es preciso correr, sino hacerlo bien. Ojalá pronto se convierta en un objetivo de todos y en unos años dejemos de acordarnos siempre de las mismas noticias.

 


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