La electoralización permanente

Bolivia está necesitada de algo más de debate político y siempre puede aparecer alguien que trate a los ciudadanos como seres inteligentes

El fenómeno de la electoralización permanente es una de las características de esta nueva forma de hacer política que se ha instalado en el siglo XXI, arraigada en el populismo, en la descalificación del otro y en el absoluto desdén por confrontar las ideas, todo mezclado con la inmediatez de las redes sociales. Son fenómenos que se están dando en todo el mundo, y que incluso ganan elecciones, pues supone una continuidad a la aparición disruptiva de un líder que canaliza la indignación y la convierte en intención de voto. Es la estrategia post-outsider, pero también la que intentan poner en marcha partidos bien arraigados.

No hay que ir muy lejos para encontrar ejemplos. En Brasil, Jair Bolsonaro, dos décadas en el parlamento, se convirtió en el outsider de moda para canalizar el voto hastiado de la violencia y la corrupción, pero una vez asentado en el poder, ha tenido que configurar fantasmas y amenazas políticas que le permitieran seguir jugando la baza del terror electoral. Finalmente, además, apareció Lula para darle aún más justificación a la estrategia.

También Chile ha sido ejemplo de esto, y con seguridad lo seguirá siendo, pues después de tres años de debate profundo que ha desembocado en una Constituyente, Gabriel Bóric se hizo con la Presidencia encarnando la renovación, pero sobre los mismos vehículos de la hipermovilización que, además, generó nuevos líderes.

En Bolivia la pelea es igualmente encarnizada y permanente, y con cuatro años por delante ya se piensa en nombres de candidatos para suceder a Luis Arce en el MAS y también para encabezar la oposición, y eso pasa a ser precisamente el problema para el país: una clase política que solo piensa en las elecciones y en la victoria a corto plazo.

En Bolivia el debate político está silenciado. El partido de gobierno, aunque dice que quiere, no es vanguardia en la propuesta, y la oposición tampoco. Al contrario, unos sólo velan por la perspectiva regional y los otros tardan en leer posiciones a tomar siempre pensando en la perspectiva electoral y no en lo mejor para el país, pero, además, a lo que llegan apenas pueden rascar algo, porque la atención también se pierde y el tema ha pasado.

Si la electoralización permanente sirviera al menos para discutir sobre la calidad de la educación, sobre la necesidad de hacer viviendas sociales urbanas, sobre el lamentable sistema de salud o sobre qué hacer con el gas sería un debate oportuno y enriquecedor. El problema es que eso no parece importarle demasiado a nadie, y solo se preocupan en agitar fantasmas y conceptualizar totalitarismos y amenazas al margen de las dificultades diarias de los bolivianos.

¿Habrá margen para que irrumpa una propuesta alternativa? Posiblemente sí. Bolivia está necesitada de algo más de debate político y siempre puede aparecer alguien que trate a los ciudadanos como seres inteligentes y con capacidad de discernir y no solo como carnada votante a la que caerle bien.


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