El equilibrio político regional y el peso en el mundo
Es posible imaginar un futuro mejor para el continente, cada vez más ausente de los grandes debates mundiales a pesar de su peso específico y su importancia geoestratégica
Dos elecciones marcan toda la atención política continental después de un inédito 2021, donde más allá del cambio de manos, la izquierda popular ganó en terrenos inéditos como Chile con Gabriel Boric y Perú con Pedro Castillo, aunque este último está teniendo graves problemas de identidad en sus poco más de ocho meses de gestión, donde ya ha cambiado de gobierno tres veces.
Se trata de la elección en Colombia, en otoño, y en Brasil, a finales de año. En ambas las encuestas están dando cierta ventaja a la izquierda, si bien es que alguna encuesta sigue teniendo cierta credibilidad en la región. En cualquier caso, ambos escenarios resultan de alto voltaje.
En Colombia va quedando poco margen para sorpresas y el candidato de la izquierda volverá a ser un Gustavo Petro algo más moderado, que ha intentado ganar el centro gracias al escoramiento descarado de Iván Duque, el presidente uribista que en principio es el principal candidato junto a la alianza del centro.
Colombia pasa por ser un territorio donde la izquierda ha estado ausente durante décadas precisamente por el impacto de las guerrillas FARC y ELN, que de alguna forma secuestraron el mensaje, sin embargo, el aún inacabado proceso de paz más una toma de conciencia más profunda por parte de las clases populares e indígenas parece empezar a dar cierta ventaja a un Gustavo Petro más maduro.
Que Colombia cambie de signo y orientación acabaría por cerrar el círculo después de Chile y Perú dando por enterrada la Alianza del Pacífico, el Grupo de Lima y todo el resto de alianzas que pusieron por delante la ideología, y por eso se mira con lupa el proceso que parece inevitable.
Lo de Brasil se prevé aún más sangriento. Un Jair Bolsonaro bien asentado en la extrema derecha ya ha agitado todos los fantasmas al estilo Trump para calentar su reelección, que además se prevé se convierta en un mano a mano con el expresidente Lula da Silva, exonerado de todos sus cargos tras su temporada en prisión y que ha vuelto en plena forma a dar la batalla, pero con un perfil también mucho más moderado y buscando alianza con los liberales para afianzar el centro, que evidentemente tampoco representa Bolsonaro.
Si Colombia y Brasil caen del lado de la izquierda se habrá roto un equilibrio que hace años se había instalado, bloqueando por completo el continente, sin embargo, es una izquierda mucho más moderada. Venezuela aparte, actualmente Bolivia, Perú, Chile y Argentina son gobernados por la izquierda, pero Luis Arce no piensa en ninguna revolución; Castillo huye del progresismo y no parece que vaya a concretar ninguna aspiración de campaña; Boric ha abjurado del chavismo, por ejemplo, y Alberto Fernández es lo más conservador del peronismo, reconvertido a aliado de Cristina por cuestiones tácticas. Petro y Lula van por el mismo camino y solo quedarían fuera del espectro Ecuador, Uruguay y Paraguay, que en su momento con Correa, Mujica y Lugo también estuvieron en el eje bolivariano.
Es posible imaginar un futuro mejor para el continente, cada vez más ausente de los grandes debates mundiales a pesar de su peso específico y su importancia geoestratégica, sin embargo, esta vez se hará necesario ser mucho más pragmáticos, pues los tiempos pasan rápido y todo cuesta. Aún así, lo primero es ganar elecciones y nada de eso está dicho.


