Aprender del Pilcomayo

En Tarija algunos intelectuales pretenden construir una represa sobre uno de sus afluentes, pero a la vista está que será un desastre por la potencia y el sedimento que arrastra

Un año más estamos asistiendo a monumentales crecidas tanto en el río Pilcomayo como en el Bermejo, pero es especialmente el río que baña la llanura chaqueña el que está generando más trastornos, pues su potente caudal ha vuelto a rebasar el cauce y ha anegado miles de hectáreas, además de causar estragos en todas las comunidades de ribera.

No es algo extraordinario. De hecho, es precisamente este ciclo hídrico el que ha moldeado toda la llanura chaqueña hasta el río de la plata, depositando permanentemente los sedimentos que arrastra desde las cumbres más altas de los Andes, creando los desfiladeros y cañones a su paso por Tarija y finalmente, abriendo los bañados donde se puede para dejar descansar allí las aguas, las huevas y todos los demás elementos de la vida que esperan impacientes la crecida al año siguiente.

El problema, como casi todos los problemas de la naturaleza, los ha generado el ser humano al decidir asentarse en sus orillas para hacer más productivo su tiempo, tratar de utilizar sus aguas y, sobre todo, los ricos limos que al retirarse el agua quedan en la tierra, dando altas productividades a diferentes tipos de cosecha.

Afortunadamente, los sistemas de alerta ya funcionan de forma más adecuada, gracias sobre todo a los esfuerzos de la sociedad civil, que han establecido mecanismos para estar alerta a la fuerza del río desde la cabecera, y han afinado planes de evacuación, salvaguardando la vida humana, pero también la de los animales, que logran ponerse a salvo desplazándose a zonas más altas.

El Pilcomayo es un ecosistema vivo y de gran potencia, por lo que todos los esfuerzos que se pretenden hacer para domarlo suelen acabar en desastre, y es que el Pilcomayo, que nace en las altas cumbres mineras de Potosí y Oruro, está considerado entre los ríos que más sedimento arrastra del mundo.

Hace años, aguas abajo, se creó un canal artificial para dividir aguas entre Argentina y Paraguay, era el denominado proyecto Pantalón y que tenía por fin acabar con las inundaciones y permitir un uso racional del agua. Rápidamente se convirtió en desastre al anegar uno de los brazos e impedir que el agua llegara al brazo argentino: supuso sequías abajo y el fin del ciclo del sábalo tal como se venía conociendo.

En Tarija algunos intelectuales pretenden construir una represa sobre uno de sus principales afluentes para aprovechar el río generando electricidad y garantizar el riego en la época de estiaje. Los expertos con ojos ambientalistas advierten que será un desastre para la región además de una dilapidación de recursos, pues el sedimento colapsará pronto cualquier turbina. Aun así, se insiste en el plan.

Lo cierto es que poco se puede hacer para domar a un río acostumbrado a fluir por donde considera y cuyo sedimento se ha ido multiplicando por la acelerada deforestación de la zona, que envía más tierra al cauce.

Es necesario establecer planes para convivir con el río y facilitar su uso racional, pero hay que evitar proyectos faraónicos que traumaticen el ciclo vital, pues las consecuencias pueden ser fatales.

 


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