El retorno a clase frustrado
El efecto de estos dos años largos sin clase, pues el final del curso 2019 fue también muy irregular en Tarija, dejará sin duda una huella profunda en las generaciones de estudiantes
Mañana retornan las clases, pero todo apunta a un nuevo desastre educativo. El Gobierno se ha lavado las manos sobre las departamentales y estas, prácticamente, sobre cada colegio. La mayoría de ellos, en parte presionados por algunas familias aún temerosas, han optado por continuar con la modalidad virtual, mientras que otras lo harán de manera física sin que se hayan modificado las condiciones para salvaguardar la bioseguridad de los estudiantes.
El gobierno de Luis Arce trató de garantizar la vuelta a las clases presenciales promocionando la vacunación infantil, pero los datos hablan por sí solos. Si hay recelos entre adultos por vacunarse a pesar de que la enfermedad puede ser mortal, peor es entre los niños sanos, cuyo efecto del virus son prácticamente inexistentes.
Después, además, llegó ómicron y todos los esfuerzos fueron vanos. Las cifras de contagio promedio se multiplicaron por seis, siguieron las hospitalizaciones y los decesos, y aunque todos hicieron sus protocolos para seguir funcionando, incluso en los boliches más insalubres, los colegios se mantendrán al margen, como si no fueran importantes.
En Bolivia prácticamente son dos años sin clase presencial. Las clases se suspendieron ni bien se detectaron los primeros contagios de covid en marzo de 2020 y en agosto se dio por cancelado el año escolar. En 2021 no mejoró sustancialmente el servicio, pues se ofrecieron diferentes modalidades para seguir el curso a través de modalidades virtuales, pero la exigencia se fue diluyendo hasta final de curso.
El efecto de estos dos años largos sin clase, pues el final del curso 2019 fue también muy irregular en Tarija, dejará sin duda una huella profunda en las generaciones de estudiantes, pues a todos los niveles el impacto es significativo cuando es tan prolongado. De seguro los futuros estudiantes universitarios van a llegar a la educación superior sin dominar asuntos básicos de lengua y matemáticas, pero también los más pequeños están perdiendo tiempo para ejercitar su motricidad fina. Además, todos en general están siendo privados de lo más valioso de la educación, que es el contacto entre iguales y donde se asientan unos aprendizajes que son realmente necesarios para la vida.
Naciones Unidas estima que hay unos 635 millones de niños sin escuela, y calcula que esto tendrá un efecto billonario entre todos ellos, porque lo no aprendido condicionará su desempeño futuro y por ende, el de su país.
Con todo y una vez más, no parece que nadie en el Gobierno esté dispuesto a asumir el liderazgo para revertir esta situación en uno u otro sentido, pero toda una generación de jóvenes se está quedando atrás respecto a sus países vecinos y más temprano que tarde, Bolivia lo acabará pagando.
Es el tiempo de pelear por una educación mejor, por dar saltos hacia delante, garantizar no solo recuperar lo perdido, sino avanzar el triple. La Constitución lo exige. Cualquier otra cosa que se haga, son excusas.


