Las aristas del Estado Plurinacional

El problema es que con el paso del tiempo y en medio de una deriva de polarización, la plurinacionalidad se ha convertido en un elemento que divide a unos contra otros, como si nos faltaran elementos

 Aunque muchos no lo crean, el 22 de enero se había constituido en feriado nacional por ser el Día del Estado Plurinacional y no por las Alasitas ni para conmemorar la posesión del expresidente Evo Morales, aunque resulta extraño que el día elegido para el feriado no sea el día en que se votó la Constitución Política del Estado que contemplaba el cambio de denominación sino el día en que se empezó a gobernar bajo sus postulados.

Este 22 de enero llega además un tanto trastocado, pues cae en sábado y no se movió a día hábil; no habrá festejos públicos por la última oleada de coronavirus y el Movimiento Al Socialismo (MAS), anda enzarzado en una de esas cruentas batallas internas que acaban desangrando hasta al más pintado. Con todo, es bueno tomarse un tiempo para evaluar el estado de las cosas, que por el momento no son muy esperanzadoras.

El concepto de la plurinacionalidad es de por sí complejo de entender, ya que implica reconocer soberanías dentro de las mismas fronteras nacionales, es decir, pueblos con identidades propias diferentes y que sirven más para separar entre hermanos que para unir, y decir esto en un país tan mezclado y abigarrado como el nuestro es palabra mayor.

Para nuestro pensador de referencia, Andrés Soliz Rada, la materialización del indigenismo exacerbado en un hipotético reconocimiento de la “plurinacionalidad” de Bolivia implicaba la atomización del territorio y la pérdida de la soberanía nacional en favor de pequeños grupos vulnerables fácilmente conquistables por cualquier poder transnacional que quisiera meter las narices en la tierra, a ver qué había, pero el debate pasó como una exhalación. Las cosas ya estaban decididas.

En aquella Constitución que pretendía ser un canto a los pueblos indígenas más que por las convicciones reales, por la proyección mundial que daba a Bolivia, se acabó incluyendo la autonomía departamental después de una lucha dura en los diferentes escenarios de poder. Un cambio trascendental visto cómo ha transcurrido después el interés de la política y la gestión en el país.

Lo cierto es que ni las autonomías departamentales ni las indígenas se han materializado mínimamente como para evaluar la cualidad del proceso, y en estas ya van doce años de Estado Plurinacional controlado, salvo un año, por aquellos que idearon un proceso que no arranca y que probablemente es mejor que no arranque.

El problema es que con el paso del tiempo y en medio de una deriva de polarización, el concepto se ha convertido en un elemento que divide a unos contra otros, como si nos faltaran ya elementos para pelear como una sola nación. Por ello, urge una reflexión urgente en el nivel político, pues lo que en su momento resultó un pacto de Estado hoy es una amenaza.

Seguramente es pronto para hacer un cambio de fondo, aunque son ya varias las fuerzas que lo plantean. Ojalá estemos todavía a tiempo de recuperar el espíritu de paz que proclama la Constitución para que la convivencia en Bolivia, sin más etiquetas, sea sólida.


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