Sobre las vacunas y los fallecidos por Covid en Bolivia

El INE oculta las tablas de fallecidos oficiales en el país desde 2019 siendo que es el único dato que permite evaluar la habilidad en la gestión

El Gobierno de Luis Arce salvó el primer “match ball” al aplazar la fecha límite para la exigencia del carnet de vacunación y lo más probable es que esta exigencia se diluya precisamente en estas semanas que se han ganado y ya nadie se acuerde a la hora de la verdad.

Todo esto se ha dado en pleno incremento de contagios diarios, que bien se sabe nunca son todos los que hay, pues lo que recién se está aplicando en todo el globo ha sido el pan nuestro de cada día desde que empezó la pandemia: cada quien que se busque la vida, se consigue un test, se aísla, avisa a sus vecinos, etc. Para la anécdota queda que el ministro de salud salga a asegurar que no hay la variedad ómicron circulando en el país…

En Bolivia, a diferencia de otros lugares, existe un grupo de antivacunas convencido, no por moda, sino por acumulación de experiencia

El impase de la obligatoriedad ha dejado al descubierto las habituales carencias de este gobierno de Luis Arce, incapaz de hablar no solo con la oposición sino con sus propias bases, que no reconocen su autoridad ni pretenden disimular buscando canales internos para manifestar sus diferencias. El contrapeso de Choquehuanca no está funcionando y la falta de precisión y de atención en el detalle en la comunicación con el jefe del partido y aún supuesto referente de los movimientos sociales, Evo Morales, hace que iniciativas generales acaben en esperpento, como ya pasó con la Ley contra las Ganancias Ilícitas, que acabó derogada y enterrada.

También ha dejado al descubierto la existencia de una amplia base social que desconfía tanto de los avances científicos como del manejo torticero del asunto con fines políticos. En Bolivia, a diferencia de otros lugares, existe un grupo de antivacunas convencido, no por moda, sino por acumulación de experiencia, que evidentemente hay que escuchar, pero que no debería ser capaz de marcar la pauta.

El Gobierno de Arce tiene un serio problema de comunicación, pero también de visualización, pues su estrategia exitista le viene convirtiendo en una caricatura. Por alguna extraña razón, alguien en el gobierno cree que sumar vacunas inyectadas en brazos es tan exitoso que incluso esconde la cifra de fallecidos diaria en cada departamento.

El momento de la verdad llegará al retornar a las aulas, una necesidad que ya es ineludible en el país, pero que se ve complicada precisamente por el repunte de casos que se está viviendo, y que tampoco frenará la vacunación, pues no evita el contagio, aunque sí el ingreso.

El debate sobre la vacunación obligatoria es de largo aliento y contrapone libertades a necesidades de Estado. Cualquier gobierno con un sistema tan precario de salud como el boliviano debe apostar por las vacunas, pues es lo único que ha demostrado que es capaz de atenuar el impacto en las camas de terapia intensiva de este país, pero en este caso, no han sido los intereses, sino las convicciones de algunos, los que han dado la vuelta a las decisiones.

La evaluación de la gestión de la crisis, en cualquier caso, no se tomará por el número de vacunas administradas sino por el número de fallecidos evitado, y para ello es urgente que se transparenten los datos y el Instituto Nacional de Estadística (INE) actualice sus tablas y registros oficiales con el número de fallecidos oficiales en el país. Son demasiadas familias rotas y sufriendo y no se puede atender una emergencia que no se puede ver.


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