Por un mejor 2022
Esta noche se acaba 2021, un año que no ha sido bueno en lo esencial, que es la salud, y que ha repercutido en todo lo demás, pero que como siempre quedará en la memoria de nuestra historia
Se acaba un año ciertamente atroz. Un año en el que la pandemia ha sido omnipresente por muchos esfuerzos que se han puesto en mirar hacia otro lado. Un año en el que el mundo ha demostrado que puede ser un poco peor todavía. Un año en el que la política boliviana se ha movido en una baldosa al ritmo de “golpe” o “fraude” como si el pueblo no hubiera ya dictado sentencia en las ánforas. Un año en el que Tarija vivió su enésima pesadilla del gas y sus efectos económicos. Por partes.
La pandemia se ha enquistado. Se suponía que 2021 iba a ser el año de la superación por el acelerado desarrollo de la vacuna que se mostró ciertamente efectiva para no saturar las UCI de los países ricos, pero que se ha convertido en una trampa: como los países pobres no pudieron acceder a la vacuna porque todo se acaparó en el norte, las variantes han seguido apareciendo, cada vez con mutaciones más riesgosas en tanto van al núcleo, lo que puede arruinar el propio trabajo de la vacuna. Acabamos el año marcando máximos de contagios y en incertidumbre, aunque el manejo de la enfermedad parece estar siendo más controlado.
Una de las peores secuelas que está dejando la pandemia es la política. En general los representantes políticos en todo el mundo han decidido extremar sus posiciones, parapetarse en las redes sociales y convertirse más bien en líderes de barras bravas que en futuros depositarios de la confianza de todos sus ciudadanos. En esos nichos ha ido creciendo la ultraderecha y también ciertas formas de populismo excluyente.
Casi todas las elecciones que se han producido en el mundo en estos tiempos han tenido que ver con esos ejes. En Sudamérica, Lasso ganó en Ecuador apelando a la vieja política liberal, pero renovada; en Perú Castillo se impuso desde el populismo conservador y reformista contra una Keiko Fujimori que movió todos los resortes del poder para evitar su enésima derrota; y en Chile Gabriel Boric se impuso finalmente a un candidato inesperado, José Antonio Kast, que resucitó el pinochetismo precisamente ante el avance de derechos que se vienen planteando en el vecino país con la reforma constituyente.
Bolivia no fue diferente. El MAS institucional volvió al pasado para reivindicar exclusivamente el papel de Evo Morales, ninguneando a Arce, que además tuvo sonoras derrotas políticas al final del año con la caída de la estrategia de la lucha contra el enriquecimiento ilícito, pero también por el nulo avance en otras reformas necesarias.
Tarija ha vivido el enésimo año de lucha contra la crisis, de “reestructuración” de las deudas, de ordenamiento de la casa, etc., mientras que los datos de desempleo seguían siendo malos y los negocios, escasos, y además se seguía perdiendo gente valiosa hasta el final.
Esta noche se acaba 2021, un año que no ha sido bueno en lo esencial, que es la salud, y que ha repercutido en todo lo demás, pero que como siempre quedará en la memoria y será parte del ADN de nuestra historia personal. Toca despedirlo con orgullo y generosidad para recibir al siguiente con toda la esperanza de que se puede, y la convicción de que no son los años los que llegan para ser mejores o peores, sino que son las energías de los que los viven los que al final, los definen.


