Dorghaten y las decisiones que debe tomar YPFB
Más allá de los discursos derrotistas, Bolivia aún tiene potencialidad gasífera y depende de los ejecutivos convertirla en palancas de desarrollo o en perpetuos anhelos victimistas del desarrollo no llegado
El salto de Armin Dorghaten a la presidencia de YPFB era una cuestión de tiempo, no solo por que su antecesor Wilson Zelaya hubiera manifestado sus problemas para llegar a La Paz ni porque la Vicepresidencia de Contratos que ocupaba sea la habitual plataforma de lanzamiento de Ministros del ramo – Juan José Sosa y Luis Alberto Sánchez pasaron por allí -, sino porque desde principios de año había asumido un rol más estratégico y comunicativo dentro de la empresa más grande e importante de Bolivia que demasiadas veces actúa como si lo que pasa en el sector no dependiera de ella, porque nunca se refundó como preveía el decreto de nacionalización para usar el ahorro interno en el desarrollo del sector y no seguir operando con ese complejo de inferioridad recurrente que le convierte en subalterno de las transnacionales.
Dorghaten no se esconde ni pone paños fríos. 2021 no ha sido una gestión eficiente sino todo lo contrario. Una ejecución presupuestaria del 15% es demasiado pequeña para esconderla. En cualquier caso – dice -, YPFB ha puesto las bases para un plan de reactivación del sector más o menos inmediato que sin embargo está tardando demasiado en ponerse en marcha.
Dorghaten fue precisamente uno de los encargados de defender la nueva estrategia en la presentación oficial. Un plan que resultaba mucho más realista que en los tiempos grandilocuentes del ministro Sánchez y que trasladaba la responsabilidad a la capacidad de movilizar recursos propios para recuperar secundariamente campos maduros y abandonados o potencialmente accesibles, todo ello perfectamente sincronizado con el consenso social y el diálogo.
Los desafíos son claros: aumentar la producción de líquidos y su tratamiento para reducir la dependencia de la importación con subvención; garantizar la disponibilidad de gas natural bien para sostener los proyectos de industrialización o bien para ingresar al mercado mundial del GNL a través de Perú y culminar precisamente esos proyectos de industrialización.
Lo cierto es que el esquema no está fácil y la propia coyuntura mundial de los productos energéticos y las decisiones sobre el cambio climático van a ser claves en el desarrollo del mercado en Bolivia y en el cono sur.
La decisión general es acabar con los combustibles fósiles hasta el 2050 y que el gas sea una especie de combustible de transición al tener propiedades más amigables con el medio ambiente, aunque al final igualmente debe desaparecer.
Esto obliga a Bolivia, a YPFB, al Gobierno nacional y a los locales a tomar las decisiones pertinentes sobre nuestros recursos naturales, que pueden dejar de serlo en cualquier momento por las propias decisiones del mercado.
Las potencialidades hidrocarburíferas de Bolivia no siempre comulgan con los intereses eco ambientales, por lo que aplicar las tecnologías adecuadas y comunicar bien resulta tan importante como las propias decisiones de asumir el riesgo sin esperar a que otras empresas de otros países vengan a solucionar la papeleta.
Más allá de los discursos derrotistas, Bolivia aún tiene potencialidad gasífera tanto convencional como no convencional y depende de los ejecutivos del sector y de sus decisiones convertir esas potencialidades en palancas de desarrollo efectivo o en perpetuos anhelos victimistas del desarrollo no llegado. El cronómetro está puesto: 2050. Es tiempo de decisiones valientes y de honrar los compromisos.


