De los ítems fantasmas a la corrupción en la contratación pública

Si alguien se sintió tan poderoso para crear tal red de corrupción de menudeo, no es difícil imaginar que las prácticas corruptas más habituales estaban más que controladas

La práctica de hacer figurar trabajadores en planillas que en realidad no trabajan lo que debiera no es nueva ni exclusiva del ámbito público, pues también sucede en empresas privadas que son administradas por varios socios, sin embargo en esta ocasión ha llamado la atención lo abultado de la cifra de contratos irregulares presuntamente realizados y el modus operandi, sin duda mucho más desvergonzado, que parece se instaló en la gestión de Percy Fernández y su dama de hierro, Angélica Sosa, al frente del municipio cruceño.

Esta forma trasciende el habitual “descuento voluntario” que prácticamente todos los funcionarios del país sufren impunemente y sin que nadie diga nada, supuestamente para nutrir las cajas de los partidos que sostienen la gestión. También la propia coima, menos habitual pero más dolosa, que muchos funcionarios deben pagar por adelantado a su contratador y que en ocasiones va hasta los seis meses de salarios. Prácticas atroces que se permiten en un sistema nefasto de contratación, alimentado por la necesidad de las familias, peor en tiempos de crisis, y que los políticos perpetúan año tras año “porque así nomás es la cosa”, y ciertamente no debería ser así. Lo de “entra por política, sale por política” se debería aplicar a los altos cargos, obviamente, pero no a un técnico de caminos o a un trabajador social que cumple su función en una entidad especializada de la administración.

Cabe reconocer que el sistema empleado en Santa Cruz era de alto riesgo: demasiadas personas conociendo la información corrupta y demasiado vulnerable, al figurar rastros por todos lados. De hecho, la pista definitiva han sido las duplicidades en los aportes a las AFP, del todo incoherentes y que solo se explica porque el contratado con aportación doble no realizaba en realidad uno de sus trabajos, en este caso el del Gobierno Municipal. Todavía los operadores de la red crearon incentivos por captar candidatos a corruptos, llevando la información hasta los confines de Santa Cruz. Hace falta ser o muy incauto o sentirse muy protegido para armar semejante esquema piramidal a costa del erario público y creer que nadie se enteraría, sin embargo, caben dos consideraciones:

La primera es que, si alguien se sintió tan poderoso para crear tal red de corrupción de menudeo, no es difícil imaginar que las prácticas corruptas más habituales y sencillas, como la de inflar las compras menores, simular consultorías o vender las licitaciones por adelantado estaban más que controladas.

La segunda es que a pesar de que la información estaba ahí y que parece era un secreto a voces, ha tenido que ser la negociación fallida de una separación con un abogado exministro masista de por medio lo que acabara por sacar toda la información a la luz.

Es evidente que los sistemas de control son insuficientes y que el sistema de contratación pública en el país es deficiente. Urge más transparencia y más concursos públicos. Urge contratar a los mejores para levantar el país, y para cuidarlo.


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