El derecho de migrar y los que ganan con la migración
En el 2000 el día internacional se pensó para darle una connotación positiva, y sin embargo desde entonces no han parado de crecer los partidos antiinmigración en todo el mundo occidental que olvida sus raíces
El 18 de diciembre se conmemora el día internacional del Migrante. En el año 2000 la Asamblea General de la ONU proclamó el 18 de diciembre como el Día Internacional del Migrante, con la finalidad de impulsar el intercambio de experiencias y oportunidades de colaboración por parte de los países y regiones, ante las dificultades de la migración internacional.
Se trataba de recuperar la connotación positiva de un fenómeno que es intrínseco de la evolución de la humanidad, pero que en esos tiempos empezaba a cargarse de prejuicios, fundamentalmente porque la migración era del país pobre al rico, y no al revés.
Europa y Estados Unidos en su febril desarrollo insostenible y su construcción de estado del bienestar egoísta, atraían a millones de migrantes no solo porque el desarrollo de unos se haga a costa de la explotación de los otros, sino porque para su propio mantenimiento necesitaban llevar mano de obra barata incluso dentro de sus fronteras.
Sin embargo, la migración por causas económicas, sociales, por propia voluntad o por ajustes demográficos o por el efecto de fenómenos naturales ha existido desde siempre y ha sido responsable de los más preciados actos civilizatorios.
No hace falta recordar el despropósito de frase de Alberto Fernández – “los brasileros bajaron de los árboles y los argentinos de los barcos” – para reconocer la importancia de la migración en la conformación de la idiosincrasia del continente americano, invadido hace quinientos años, pero también hace 150 y durante todo el siglo XX por familias que huían literalmente de una Europa en retroceso, precisamente por la pérdida de poder sobre sus colonias y sus continuas guerras.
Este fenómeno unido al criollismo ya imperante nos ha convertido en mestizos de varias generaciones, aunque el racismo sigue estando en lo más profundo y no tarda en aflorar ante determinados contextos no solo internos. De vergüenza fueron las últimas noticas de los responsables de Migración dando orgullosos datos sobre la deportación de haitianos desde Bolivia como hace unos años fue de senegaleses, como si Bolivia y los bolivianos no hubiésemos padecido la violencia de la migración en otros países.
Bolivia sigue siendo un país exportador negro de migrantes, aunque el fenómeno ha cambiado con el incremento del nivel de vida en el país. El migrante de principio de siglo se iba con la intención de ahorrar y volver; ahora apenas le alcanza para sobrevivir en el país donde se asienta y modifica su plan.
Migrar es un derecho humano, pero el mundo necesita leyes más claras al respecto y sobre todo unos cuantos consensos que modifiquen los patrones de comportamiento: nadie querría migrar, pero la desigualdad por un lado y las urgencias de explotación por otros, hacen que sea un fenómeno complejo con demasiadas aristas y donde hay que tener claro que hay que proteger a los más vulnerables.
En el 2000 el día se pensó para darle una connotación positiva, y sin embargo desde entonces no han parado de crecer los partidos de ultraderecha y antiinmigración en todo el mundo occidental. Algo no se está haciendo bien y es tiempo de cambiarlo, pues la migración no se “combate” con discursos de odio ni se regulariza con buenismo hippie oenegero, sino que se normaliza con justicia social y comercio justo, ni más, ni menos.


