La Aduana y el silencio en las “porosas” fronteras tarijeñas

Una investigación del Tribuno de Salta confirmaba la existencia de una aduana paralela que se detectaba a simple vista por las docenas de camiones, pero tal parece que en Bolivia nadie ha visto nada

Pasan las semanas y nadie sabe nada ni dice nada ni pasa nada. El alcalde de Salvador Mazza está procesado desde octubre tras una operación policial que allanó su domicilio encontrando millones de pesos, miles de dólares, armas y demás artículos de lujo. Las investigaciones apuntan a que se benefició de un sistema de control fronterizo paralelo a la aduana que metió y sacó millones de productos desde Bolivia, negocio especialmente lucrativo durante la pandemia, con todo cerrado. La investigación del Tribuno de Salta confirmaba la existencia de una aduana paralela que se detectaba a simple vista por las docenas de camiones que hacían cola en lugares irregulares para despachar la carga, pero tal parece que en Bolivia nadie ha visto nada.

El contrabando sigue campando a sus anchas por los mercados bolivianos en general y tarijeños en particular, agravado en estas fechas pre navideñas cuando la crisis económica todavía aprieta, lo que hace que muchas familias miren primero el bolsillo a la hora de hacer sus compras sin caer en la cuenta de lo contraproducente que resulta.

Argentina y Brasil siguen siendo los principales mercados desde los que se introduce mercadería al país, beneficiados por el tipo de cambio y también por los costos. En estos días en los que se ha encarecido el comercio de ultramar y la mercadería fundamentalmente china por los costos de los fletes, el ingreso por las fronteras terrestres y a pie siguen al alza, básicamente porque son rentables. O peor.

A estas alturas resulta inaudito revisar lo que sucede en las fronteras tarijeñas. Concretamente en la de Aguas Blancas, donde el puente Internacional se mantiene cerrado por intereses argentinos, que solo permite el paso de vecindad y no comercial, mientras que a los pocos metros la gente se juega la vida en las chalanas y los gomones con tremendas crecidas del río Bermejo, afectado en estos días de lluvias torrenciales.

En Salvador Mazza hay paso legal, pero el asunto se complica con las medidas anticovid y las exigencias de la administración argentina al respecto, que se cuida mucho de que los visitantes no vayan a hacer uso fraudulento de su sistema de salud, sin embargo, de nuevo miles de ciudadanos cruzan a diario por los centenares de kilómetros de frontera seca que divide ambos países.

¿A quién le interesa esta situación? ¿Cómo es posible que hasta ahora no se hayan hecho las gestiones diplomáticas suficientes para que los ciudadanos no se jueguen la vida? ¿Cuánto tiempo más se debe aguardar a que las palabras se conviertan en hechos?

El perjuicio del contrabando es para el conjunto de la nación, porque a los productores nacionales les cuesta más y los emprendedores se ven boicoteados por productos más baratos, pero también más tradicionales. Es verdad que hay algo erróneo en el razonamiento boliviano de denostar lo propio y priorizar lo importado, pero es algo que será difícil de corregir mientras las autoridades responsables de las fronteras y las aduanas, y quienes les nombran, sigan mirando para otro lado.


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