Vacunas, inmunidad y los problemas de la politización

La vacuna impide que el virus cause efectos graves sobre los pacientes, pero no evita el contagio ni la necesidad de aislarse, por lo que muchas medidas exitistas son mensajes erróneos

Vacunar a los niños no es la salvación ni mucho menos el fin de la pandemia. De hecho, la propia vacunación no lo es, pues desde el principio se preveía, y se ha demostrado después, que los inmunizadores en fase experimental sirven para atenuar el efecto sobre la salud, pero no evita el contagio ni la posibilidad de seguir transmitiendo la enfermedad.

Traducido a la vida misma, la vacunación es la mejor vía para no morir y, sobre todo, no colapsar el sistema de salud en la medida en que aquellos que se contagian estando vacunados tienen efectos más leves de los que tendrían si no estuvieran vacunados, y que, en un país con tan mala salud como el nuestro, lo normal es que las dolencias se asocien unas con otras y acabemos con problemas más graves de lo que inicialmente se preveía.

Los datos están demostrando la utilidad de las vacunas en esa parte de la lucha contra la pandemia, aunque todavía hay cosas que se desconocen, porque más allá de la famosa “tercera dosis”, lo que parece que se empieza a evidenciar es que habrá que ponerse una dosis cada año tal y como se hace con la influenza, pero por alguna razón las farmacéuticas y los científicos prefieren administrar la información de esta manera.

Teniendo esto en cuenta, los datos de enfermedad grave derivada del Covid en niños sanos son prácticamente inexistentes a nivel mundial y también en Bolivia. Los expertos lo explican por la inmadurez de determinados mecanismos pulmonares que impiden que el virus colonice, por este motivo, vacunar a los niños no les va a aportar prácticamente nada, porque su proceso viral no se agrava en parámetros normales.

Por razones estrictamente políticas, muchos gobiernos incluyendo el boliviano han ligado su suerte al de las campañas de vacunación, promoviendo la vacunación masiva con una estrategia comunicacional errónea que ha fomentado el hecho de que los vacunados se crean inmunes a la enfermedad, cuando no lo son.

Una persona vacunada igualmente va a portar el virus, aunque no desarrolle la enfermedad o, aunque lo haga muy levemente. Lo que frena los contagios es la distancia social, el barbijo, el lavado de manos permanente, etc., etc., etc. Es decir, lo mismo que se lleva repitiendo desde hace dieciocho meses y que parece que no ha logrado interiorizarse.

En Bolivia hay dos problemas achacables en diferente medida al Gobierno. El primero es el desmedido exitismo con el que se presentan los datos de vacunación, que no dan ninguna información cualitativa, sino que se limitan a sumar dosis. El segundo es la fiabilidad de las vacunas luego de haber aplazado en hasta seis meses la recomendación de los fabricantes de poner las dos dosis en tres semanas, aunque esto evidentemente ha sido un problema mundial que ha tenido en la angurria de los países ricos su principal causa.

Los datos siguen disparados en el país, las UTIS vuelven a llenarse y también los cementerios; se acercan las navidades y nadie quiere caer pesado en estos días, pero hay que seguir haciendo los esfuerzos necesarios para evitar llevar el virus hasta los lugares donde están las personas vulnerables. La pandemia no desaparecerá creyéndose inmunes por tener una vacuna. Al contrario.

 


Más del autor