La precariedad del SUS y la ruina de la salud
La salud sigue siendo el principal problema de los bolivianos, no solo por lo que a la propia vida hace, sino porque en el camino a perderla puedes acabar arruinado
Siguiendo con el recuerdo de las jornadas internacionales, hoy es el día dedicado a la “Cobertura Sanitaria Universal”, una bandera de lucha de los países más solidarios y un enemigo declarado para aquellos que predican el libre mercado como vía hacia el desarrollo.
La socialdemocracia europea, en contraposición con el modelo “libre” de Estados Unidos, y también con su opuesto soviético, asumió la Sanidad como uno de los derechos esenciales en la construcción del Estado del Bienestar. No muchos regímenes a lo largo del mundo fueron capaces de copiar el modelo. En Sudamérica el más exitoso ha sido el de Argentina, que aún con todos los intentos por acabar con él sigue siendo una referencia. En el polo opuesto es el modelo chileno, absolutamente privado e hipotecado desde siempre, especializado en truncar familias con potencial.
Evidentemente, no se trata solo de modelo, sino de las posibilidades de cada Estado de ofrecer algo a sus ciudadanos en función de su propio esquema de recaudación y prioridades de gasto. Esto es, los países más pobres y con menos Estado simplemente no pueden ofrecer una sanidad básica a sus ciudadanos, y ahí es el mercado el que se encarga de ajustarlo todo.
Bolivia ha estado desde siempre en ese grupo de países donde más allá de la retórica, la sanidad sigue sus propias lógicas de oferta y demanda y donde cada familia debe tomar sus decisiones sobre si tratar determinadas dolencias o, simplemente, dejar que el tiempo dicte sentencias.
Hoy, más allá de la fanfarria del Sistema Único de Salud, cuyas atenciones son limitadas y con muchos problemas de celeridad, el sistema sigue siendo esencialmente mixto, pero además controlado en ambos mercados por los mismos médicos, beneficiados en ese círculo virtuoso que supone la escasez de recursos humanos y la precariedad del sistema.
El enfoque del SUS no es un enfoque de derechos, sino de servicios. No se pretende tener un sistema completo de salud de calidad que financie las necesidades, sino pagar los servicios necesarios que alguien debe implementar, y eso supone siempre estar en manos de aquellos que sí generan el servicio, y que fijan los precios. Si a eso se suma la escasez de médicos en el sistema debido a las restricciones dentro de las Universidades para implementar la carrera de medicina, el círculo acaba cerrando.
El MAS tardó 14 años en implementar un sistema más o menos universal de salud, pero la salud sigue siendo el principal problema de los bolivianos, no solo por lo que a la propia vida hace, sino porque en el camino a perderla puedes acabar arruinado.
No es el momento de sacar músculo por un sistema que se implementó tarde y de forma improvisada y precaria, sino de trabajar minuciosamente en su mejora integral. En tener más y más servicios de calidad, de trabajar en la prevención y de concentrarse en que todos los bolivianos sean iguales ante el sistema de salud. No es tiempo de competencias.


