El MAS y la influencia de las iglesias

El ala más progresista del MAS ha renunciado a conquistar nuevos derechos mientras las relaciones del Gobierno y las Iglesias son profundas, aunque inestables

Resulta que en el calendario de días internacionales también hay un hueco destinado a reflexionar sobre la laicidad de los Estados, y es precisamente hoy, el 9 del mes menos propicio para esto, como es diciembre.

Bolivia ratificó su principio de Estado laico o aconfesional en la Constitución de 2009, sin embargo, prácticamente nada ha cambiado en la relación del Estado con la Iglesia Católica, y en cualquier caso, ha ido incluso a más en las relaciones, por ejemplo, de las Iglesias Evangélicas, igualmente dados a mantener relaciones con el poder.

El ala más progresista del Movimiento Al Socialismo (MAS), que es muy escuálida y despoblada, señala rápidamente que la sociedad boliviana es todavía muy conservadora en lo moral y muy apegada a la cultura colonial del catolicismo, por lo que cualquier cambio hay que hacerlo muy moderadamente, lo que viene a ser una especie de justificación no pedida de lo que el MAS podría hacer y no ha hecho, a veces porque no ha podido, pero la mayor parte de las veces, porque no ha querido.

Más allá de algunos cruces de declaraciones entre miembros del Gobierno y miembros de las altas esferas de la Conferencia Episcopal Boliviana, las relaciones, selladas recientemente con la visita del papa Francisco, son buenas. El Gobierno es consciente de que la Iglesia sigue cargando con la mayor parte de la acción social del país en tanto a salud y educación, pero también en las atenciones de emergencia, en el trabajo social y en otros ámbitos donde el Estado no llega, pero sí la pobreza. En ese sentido, los acuerdos son públicos y reconocidos, algo que también se debiera aplicar a las Iglesias Evangélicas, sujetas a la Ley de Libertad de Culto que está vigente en el país desde 2019.

El peso de las iglesias en el día a día es evidente. La Iglesia católica predica a diario y especialmente los domingos desde Santa Cruz pensando en la actualidad de la política nacional, mientras que las evangélicas, más dispares, sí han sido capaces de unirse en los momentos “importantes”, como en la movilización contra el Código Penal de 2018 que ampliaba de tapadillo algunos supuestos para despenalizar el aborto o más recientemente en las movilizaciones contra la Ley que abría el espacio para investigar las fortunas irregulares.

Lo cierto es que la política debía servir para abrir espacios y conquistar derechos, pero en la política de hoy, es difícil encontrar a un servidor capaz de arriesgar por las minorías ante el sórdido marcaje de las mayorías enfervorecidas de las redes sociales. Así, los espacios de legitimidad – como todo en este país - deben abrirse en la calle a base de lucha y concienciación. Eso sí, mientras tanto, las distancias entre lo que se hace y lo que se dice se pueden hacer cada vez más grandes, y eso, al final, pasa factura.


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