El papel de la banca en la coyuntura pandémica boliviana

La banca es el único sector que ha seguido reportando beneficios desde el inicio de la pandemia y su función social está más en entredicho que nunca

Hoy es el Día Internacional de la Banca, es decir, uno de esos días en los que se recuerda que el sistema de Naciones Unidas está más pensado para proteger algunos intereses del orden mundial que para garantizar la justicia social.

En la justificación de la jornada hay toda una declaración de intenciones al respecto del sistema y sus benefactores. Los objetivos se alinean sobre las necesidades de que todo el planeta obtenga un mínimo de educación financiera, pero ojo, para usarla, no para cuestionarla. Es decir, que lo que se pretende es que los usuarios conozcan más sus bancos y sus mecanismos de funcionamiento (dominación) y no tanto su fórmula de enriquecimiento – una de las más sencillas del mundo – ni mucho menos el desarrollar un pensamiento crítico respecto al sistema.

“Cada vez más, la economía mundial se enfrenta a nuevos retos y desafíos. Uno de ellos es la llamada volatilidad financiera, unido a otros problemas de índole, político, social y ambiental que hacen más difícil lograr los objetivos que se tienen previstos en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible” señala, dejando claro que serán otras cosas y no la forma de manejar la economía la que hará fracasar la famosa Agenda que ya nadie tiene en la cabeza a la hora de tomar decisiones, básicamente porque está demasiado cerca en el tiempo y el fracaso es inevitable.

En Bolivia la banca goza de buena salud, de hecho, es el único sector que registró beneficios en los periodos negros de 2019 y 2020, tanto con la crisis política como con los efectos de la pandemia, que ha dejado a millones de personas sin trabajo en todo el mundo y también en el país.

El sector de la banca privada ha sido el más favorecido en la larga gestión de Evo Morales; sus beneficios no han dejado de crecer desde 2006, ni siquiera en 2020, aunque se presente como un problema el hecho de que hayan reducido su margen de beneficio, subrayar beneficio, en la época en la que miles de personas han tenido que cerrar sus negocios o cambiar de rubros.

El Gobierno de Jeanine Áñez en 2020, con un evidente cálculo electoral, prometió un defirimiento de pago de créditos que unos meses después el presidente Luis Arce tuvo que deshacer, siendo la última concesión de los sectores populares, que vieron perjudicados sus intereses. El Gobierno habló del círculo virtuoso del capitalismo y de la necesidad de que la banca funcione y tenga beneficios para que los demás puedan acceder a los créditos, un razonamiento que dejó estupefactos a sus bases, que rápidamente tuvieron que hacer cuentas para ver cómo podían hacer frente de nuevos a los plazos de los créditos pese a que la actividad económica no se había recuperado.

La banca sigue reportando grandes beneficios en este periodo en el que la crisis atenaza la inversión. Los depósitos siguen creciendo ante la incertidumbre y las tasas de interés para los pocos valientes que aun sostienen sus créditos, crecen o se revisan al alza. Emprendedores y cualquiera que no garantice más de lo que está pidiendo, prácticamente tiene el crédito cerrado. Los números se acomodan en el camino.

Sin duda el día de la banca debe ser un día para reflexionar sobre su papel, pues para festejar hay bastante poco.


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