El año que se acaba

Muchas de las tareas pendientes en Bolivia requieren de un amplio acuerdo social y político, y tal vez, de una Asamblea Constituyente que todos quieren y todos temen

Arrancó diciembre, último mes de un año que prometía más de lo que ha sido, pues en casi todas las materias parece haber hecho un viaje circular para volver al mismo punto de partida, lo que de alguna forma se debe considerar un año perdido.

El ejemplo más evidente es el del virus. Un año y unos miles de vacunas después, el virus sigue paralizando medio mundo con sus nuevas variantes y las decisiones populistas de los gobernantes. En Bolivia no solo sigue muriendo gente, sino que la peor de sus consecuencias, que es el impacto sobre el sistema escolar, aún no ha sido resuelto ya solo quedan dos meses para volver teóricamente a clase.

El otro gran ejemplo es el de la política. Después de todo lo sucedido en 2020, en el que un gobierno transitorio se convirtió en candidato para después retirarse de malas maneras y servir en bandeja de plata la victoria al Movimiento Al Socialismo, nadie podía imaginar que acabáramos este 2021 discutiendo si en 2019 hubo “golpe” o “fraude”.

Ninguna de las cosas importantes ha cambiado en el país.

Seguimos sin tener un Pacto Fiscal que garantice la supervivencia del Estado Autonómico, por lo que se sigue hablando de federalismo, tal vez un poquito más en serio.

Seguimos sin tener una reforma de la justicia que ofrezca al ciudadano las garantías suficientes para ejercer todos sus derechos sin ser coimeado o extorsionado o encarcelado.

Seguimos sin controlar el contrabando en las fronteras, ni siquiera ahora que los precios de los fletes lo hacen inviable.

Seguimos sin saber qué verdaderamente pasa en el Salar de Uyuni y su litio.

Seguimos sin blindar la petroquímica del Chaco con los recursos del revalorizado gas natural.

Seguimos siendo los campeones de la informalidad, de la evasión fiscal, del trabajo en negro.

Seguimos sin tener mar ni un plan serio para alcanzarlo en el corto plazo.

Seguimos sin saber repartir la tierra entre los que la necesitan y los que la quieren explotar con lo que haga falta.

Seguimos sin carretera al Chaco, sin luz en Bermejo, sin agua en Iscayachi y con hedores insoportables en Tarija.

Seguimos sin saber si los niños volverán pronto al colegio.

Quizá fuera un buen momento para hacer un pacto nacional que actualice todo aquello que necesitamos y que la Constitución romantiza y los gobiernos no cumplen. Un pacto para una mejor salud, una mejor educación, una mejor justicia, unos impuestos más justos, un apoyo real a la producción y todo lo demás.

Quizá algunas requieren una nueva Asamblea Constituyente, quizá otras solo de un poco de voluntad política y generosidad empresarial. Quizá nada sea tan complicado como parece. Quizá nadie quiera sacar ventaja política de un error o de una decisión. Quizá se puedan hacer las cosas de otra manera. Queda diciembre. Es el momento.


Más del autor