El escenario favorable para el gas boliviano
El potencial no convencional supera el de Vaca Muerta, el yacimiento más importante del continente, por lo que hay que tomar decisiones para tener claro qué se quiere hacer con el gas
El escenario energético mundial se empieza a ordenar después de la cumbre del clima de Glasgow y el eventual encarecimiento de precios, que parece ya no será eventual, sino estructural. En esas, Bolivia debe ser capaz de encontrar su espacio, y en casi todos los terrenos tiene potencialidad para ganar si se abordan las cosas con decisión y criterio, pero particularmente en dos: el litio y el gas.
Europa, que en estas cosas suele llevar la punta, parece decidida a acabar con los combustibles fósiles lo antes posible, pero nadie contempla una fecha anterior al 2050, por ahí se han sumado básicamente Estados Unidos y China, aunque sea nominalmente, por lo que sí parece irreversible y en Bolivia se debe tomar muy en serio.
La noticia, que debería ser buena para el país, es que todos ellos han declarado que el gas natural será el combustible de transición hacia los nuevos usos que, en general, contemplan motores eléctricos y baterías de litio, sí, del mismo litio del que somos la principal reserva mundial.
Durante un tiempo se barajaron otras opciones, pero finalmente hace más de una década que los gigantes asiáticos determinaron que la batería del futuro sería de litio, por lo que no se puede entender que a estas alturas Bolivia siga sin haber resuelto este asunto de forma definitiva y el ruido, y hasta los tambores de guerra, suenen al son de esa industria.
A lo que realmente se le está dando una segunda oportunidad es al gas natural del país con la determinación mundial de utilizarla, lo que ha disparado los precios a nivel mundial y también está optimizando toda la industria vinculada al plástico y a los fertilizantes, conscientes de que el petróleo “se va a acabar”, esta vez no por agotamiento sino por decisión política.
Bolivia vive un momento de definición. El mercado tradicional para el gas de los últimos 30 años se ha terminado. Ni Brasil ni Argentina desean establecer negocios entre Gobiernos para abastecerse, ni tampoco existen en Bolivia grandes proyectos en marcha que permitan garantizar grandes provisiones por esos métodos que requieren de inversiones de largo plazo y alto riesgo.
Las reservas convencionales rondan los 8 TCF, pero el potencial no convencional supera el de Vaca Muerta, actualmente el más importante del continente. Los riesgos y las ventajas están sobre la mesa, pero esta vez no se trata de dejar que el mercado opere, sino de tener claro qué se quiere hacer con el gas y para qué. Garantizar la industria nacional, la industrialización de sus propiedades más relevantes y alcanzar el mercado mundial del gas licuado a precios disparados – no los que planteaba Sánchez de Lozada – parece ser el esquema de salida, pero esta vez es necesario pactarlo a todos los niveles, políticos, sociales y empresariales, para garantizar que el plan avanza pase lo que pase y que las utilidades serán invertidas en las prioridades hasta alcanzar el nivel de desarrollo óptimo.
Es tiempo de tomar decisiones a fondo. YPFB tiene la palabra.


