Bolivia, mucho por hablar

Por mucha mayoría que sea, es evidente que se requiere algo más que el rodillo parlamentario para lograr avances, porque en Bolivia el poder sigue residiendo en la calle

Seguramente no era el momento ni el lugar, pero este país tiene todavía mucho por hablar y el “parlamento” - la flamante Asamblea Plurinacional -, parece haberse quedado "pequeña" para estos menesteres.

La Ley 1386 nadie la rechistó en su momento, más al contrario, emanaba de un plan integral de país precisamente para centrar la lucha contra el blanqueo de capitales y que en realidad viene exigida desde organismos supranacionales poderosos a los que la oposición suele alinearse con bastante asiduidad.

Todo lo sucedido da cuenta de cómo funciona la burocracia política en el país. Alguien impuso una voluntad que fue a materializarse en dos leyes concatenadas. Alguien se dio cuenta de que la segunda molestaba a según que rubros no tan lícitos porque daba grandes poderes al ejecutivo para investigar fortunas y hacer preguntas, se hizo el cálculo político y social y de ahí se puso el grito en el cielo, en las redes y, finalmente, en la calle. Dos días después la silenciosa ministra María Nela Prada retiraba el proyecto de ley.

Dicen que no se dialogó a pesar de las jornadas y los talleres que acompañan este tipo de normas “importadas”. El problema es que en la Asamblea no se dialoga, y esto no tiene que ver con los dos tercios necesariamente, sino con que no hay una voluntad real de escuchar al otro.

Sí así fuera, la agenda de temas por abordar con los que se lleva remoloneando desde hace mucho más de la caída de Evo hubieran tenido algún espacio, porque ciertamente hay cosas que requieren consenso político.

Uno de esos temas es precisamente el asunto impositivo, los ingresos del Estado y la forma de redistribución, que, sí, es el Pacto Fiscal, pero que lleva tanto tiempo sin avanzar que se han puesto sobre la mesa nuevos temas que deben incluirse:  hasta el G7 ha acordado exigir un 15% de tributación a todas las gigantes trasnacionales mientras en Bolivia seguimos sin cobrarle un peso a Facebook.

Otro tema pendiente es la educación, se han perdido dos años con la pandemia y la actual ley está generando retrasos respecto al continente. Nuestros jóvenes merecen una revolución educativa de verdad, tecnológica y exigente, y no hay más tiempo que perder.

También la salud ha quedado al descubierto en estos últimos años por la pandemia. Tener salud gratuita es la diferencia entre la vida y la muerte en demasiadas ocasiones.

También la (in)justicia ha llegado al límite de su credibilidad, afectando absolutamente todo lo que toca, y eso requiere una actualización total de sus principios.

Y hay más pactos pendientes: la industrialización, el turismo, la electricidad, la vertebración territorial y demás.

Por mucha mayoría que sea, es evidente que se requiere algo más que el rodillo parlamentario para lograr avances. Ojalá el Gobierno pueda entenderlo pronto, Bolivia no puede caminar hacia el totalitarismo, porque está en su fibra misma la discrepancia.


Más del autor