Las bandas del agronegocio

El negocio agroindustrial empieza ser “demasiado” rentable, sobre todo si se aplican las habituales técnicas del avasallamiento y el liberalismo absoluto, sin control, sin impuestos, sin rendir cuentas ante nada y ante nadie

La gravedad de lo sucedido en Guarayos trasciende el propio hecho, que tiene mucho que ver con que los afectados sean precisamente periodistas desplazados para la ocasión por una de las partes interesada en el conflicto de tierras.

La gravedad emana de la constatación de que, finalmente, los grupos irregulares organizados que desde siempre conviven en el país pueden estar entrando en conflicto por colisión de intereses, y eso adelanta ya un enrarecimiento del clima social por encima de cualquier connotación política.

Por muchos aspavientos que hagan nuestros políticos, es evidente que en el país operan grupos irregulares vinculados a varios de los grandes negocios ilegales del mundo; el narcotráfico, el contrabando, la trata de personas, etc., pero a diferencia de lo que sucede en otros países, todo parecía llevarse de una forma más o menos ordenada.

No se trata de banalizar con esto. Múltiples grupos de expertos, desde la Unión Europea hasta la propia Naciones Unidas han descrito la gravedad de las guerras de bandas rivales en México y Colombia por estas causas, y lo propio sucede en los países del medio oriente, salvo que allí los cárteles se suelen presentar como grupos de integrismo religioso.

Es verdad que cualquier gobierno debería extremar las precauciones y ser más efectivos en la operación, las redes de trata afectan groseramente a nuestros ciudadanos y el contrabando destruye nuestro tejido productivo. Evitar que haya guerras rivales y muertos no debería ser suficiente.

La cuestión es que dentro de todo ese aparataje de irregularidad semi consentida en la que unos y otros se conocen y se respetan para evitar guerras, empiezan a aparecer otros grupos paralelos con intereses que aparentemente parecen mucho más inocentes, legales y hasta filantrópicos: la tierra.

La “profecía” se empieza a cumplir, la superpoblación y el desarrollo está empezando a colapsar el planeta, que tiene dudas sobre si será capaz de alimentar a todo el mundo de aquí a 2050, peor con los pronósticos sobre el cambio climático, que son malos si se hace algo y son malos si no se hace nada.

Nada de esto es ajeno a los conflictos recientes sobre la propiedad de la tierra y los afanes por “ampliar la frontera agrícola”, que no es otra cosa que deforestar por las buenas o por las malas para dejar más y más espacio a la agroindustria, con sus transgénicos o lo que haga falta.

El negocio empieza ser “demasiado” rentable, sobre todo si se aplican las habituales técnicas del avasallamiento y el liberalismo absoluto, sin control, sin impuestos, sin rendir cuentas ante nada y ante nadie.

La cuestión es si en el ordenamiento de este sector en auge se aplicarán las viejas reglas o la ambición acabará desatando nuevas guerras. Pase lo que pase, es una cuestión de soberanía en la que el Estado debe intervenir. Nos jugamos demasiado.


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