El silencio de las “fronteras paralelas”

Cualquier frontera funciona parecido en todas partes del mundo. A un lado se despacha y al otro se recibe. Hay unas que exigen unas tasas y otras que exigen otras. Pero en ninguna pasa todo a un lado y nada al otro

Un amplio reportaje del diario El Tribuno de hace ya dos semanas dio cuenta de la existencia de una “aduana paralela” entre la provincia norteña argentina de Salta y el departamento boliviano de Tarija. En él se detallaba la cantidad de camiones que diariamente acudían hasta la zona y que de una forma u otra lograban trasladar su mercadería al otro lado de la frontera mientras el paso oficial bien por Salvador Mazza o bien por Aguas Blancas estaba semivacío.

La investigación nació a partir de la detención del intendente de Salvador Mazza, la ciudad fronteriza de Yacuiba, acusado de formar parte de una red delincuencial de alto vuelo. En su casa se encontraron miles de dólares – casi un millón en efectivo - y pesos además de vehículos de lujo y otros enseres impropios. A su nombre había 18 bienes inmuebles. Se llegó a calcular que había más efectivo en casa de Rubén Méndez que el presupuesto para obras concurrentes del municipio.

Uno de los negocios atribuidos - aun en investigación - era precisamente este del paso ilegal de camiones durante toda la pandemia hacia Bolivia, donde las mercaderías encuentran mejores precios que en Argentina debido a la crisis monetaria que padece el vecino país. Lo cierto es que la frontera seca entre Bolivia y Argentina es inmensa y se estiman más de 200 pasos clandestinos – ni tan clandestinos -, ahora controlados por mafias.

Lo curioso es que, al otro lado de la frontera argentina, es decir, en la tierra boliviana de Tarija, nadie parece haberse dado cuenta de que esto estaba sucediendo, o eso se pretende hacer creer. ¿Es posible que la mercadería de docenas de camiones entre cada día al país sin que nadie se dé cuenta? ¿Es posible que esa carga cope los mercados de la mayoría de las ciudades del sur y este del país sin que nadie mueva un dedo para evitarlo? ¿Es posible que todo esto pase mientras se asegura machaconamente que se apuesta por la economía nacional y se protegen las fronteras?

Cualquier frontera funciona parecido en todas partes del mundo. A un lado se despacha y al otro se recibe. Hay unas que exigen unas tasas y otras que exigen otras. Hay quien exige ciertos compromisos de calidad y seguridad, además de distribuidores autorizados, y otras que son de carácter libre. Regular estos aspectos son los que permiten dar más prioridad o protección a los productores nacionales protegiendo su actividad, pues de lo que se trata es de hacer menos competitivos a los productos que llegan de fuera o ser más exigentes con ellos. En otros casos, cuando se ha perdido el norte, lo único que parece importar es garantizar recursos para el Estado a costa de lo que sea, incluso gravando la productividad de bienes de equipo, etc.

En cualquier caso, lo más intolerable es que además se constate una “aduana paralela” que mueva miles de dólares, pero que no pase nada en alguno de los dos lados de esa frontera, porque pasar, las cosas pasan. Urge una explicación.


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