La indignidad de la Renta Dignidad

La esperanza de vida está subiendo y el Estado debe ser capaz de dar respuestas a las familias ya, porque nuestros mayores nunca deberían ser considerados un problema

Las pensiones de jubilación son pequeñas por diferentes factores, el principal, la intolerable fórmula de cálculo que adjudica una esperanza de vida de los aportantes jubilados muy alejada de la realidad, pero mientras eso se reforma y se ajusta, al menos se logra un ingreso para sobrevivir con dignidad los últimos años de vida, donde las ocupaciones no son menores, pero ¿De qué vive la gente que no recibe una jubilación?

La pregunta es una de las más misteriosas para este Estado de gobierno supuestamente socialista y que a falta de una red de servicios públicos que atienda a sus mayores, se confía todo a un bono: La Renta Dignidad.

A nivel nacional hay 1.111.879 personas que cobraron la Renta Dignidad en 2020, de ellos 172.568 son rentistas, es decir, que cobran otra pensión, mientras que 939.311 solo tienen ese ingreso.

En Tarija hay 59.787 adultos mayores que cobraron la Renta Dignidad, de los que 5.981 cobran además otra pensión y 53.806 no.  En Tarija hay 62.196 adultos mayores con más de 60 años, que son quienes tienen acceso a este beneficio por lo que apenas un 11 por ciento de los adultos mayores cobran una pensión jubilatoria mientras el resto tiene que sobrevivir con el afamado bono de la Renta Dignidad, tantas veces utilizado políticamente.

¿A cuánto asciende la famosa renta Dignidad? Pues en 2021 los rentistas cobran 3.900 bolivianos al año en 11 pagas de 300 y una de 600 y los no rentistas 4.550 al año en once pagas de 350 y una de 700.

350 bolivianos al mes suponen un poco más de 11 bolivianos por día, una cantidad cuando menos insignificante que tiene de todo, menos de digno.

Evidentemente estos ancianos sin pensión suelen tener la protección de la familia, que operan como la verdadera red de asistencia, pero otros muchos no, y por ende, prácticamente se ven obligados a trabajar hasta el fin de sus días o a mendigar por las calles del centro. De ellos, unos pocos logran plaza en alguna de las residencias de anciano, hogares de los de siempre normalmente administrados por órdenes religiosas y que, con suerte, reciben algún tipo de ayuda de los poderes públicos, siempre insuficientes.

El incremento de la Renta Dignidad respecto al salario mínimo o al medio en los últimos 15 años marca el olvido torticero de este asunto. La escasa diferencia entre la renta que perciben los jubilados y quienes no tienen otro ingreso, que es de apenas 50 bolivianos, también. Pero, además, la cuestión es que no parece que en el corto plazo nadie tenga pensado hacer nada al respecto, pues los ancianos son demasiados pocos, y tal vez demasiado cansados.

El debate viene de lejos, es profundo y hay que abordarlo desde demasiadas aristas. No es suficiente con un plan a 40 años para que todo el mundo pueda jubilarse con una pensión solidaria. La esperanza de vida está subiendo y el Estado debe ser capaz de dar respuestas a las familias ya, porque nuestros mayores nunca deberían ser considerados un problema.


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