Superar el Covid es volver a la escuela

Lo que no es posible es que llegue 2022 y el sistema escolar siga paralizado o envuelto en esa pantomima en que se ha convertido la educación virtual, donde la calidad no está garantizada en los conceptos, y mucho menos en actitudes o procedimientos

El principal objetivo que debería marcar todas las acciones de gobierno, todas sin excepción, es que los niños y jóvenes bolivianos volvieran al colegio el 1 de febrero de 2022 con plena garantías sanitarias. En ese objetivo se deberían involucrar no solo todos los Ministerios, sino también todos los agentes sociales, todos los protagonistas políticos del oficialismo y la oposición en todos los niveles de gobierno y por supuesto, todas las familias.

La pandemia sigue causando estragos en aquellas familias donde se cuela, pues no es solo la enfermedad y la angustia, sino los recursos económicos que se erogan, la incertidumbre, el riesgo para el trabajo y demás. Afortunadamente, los reportes muestran un bajón importante respecto al año pasado y prácticamente una estabilidad de los datos en las últimas cuatro semanas, aunque al alza, no hay que engañarse en eso.

Bolivia es un país sociable, donde las reuniones familiares están a la orden del día, más cuando el buen tiempo acompaña, por lo que al contrario que en otros países, nuestras “olas” suelen coincidir precisamente con los meses cálidos y no con los fríos, por lo que entramos en meses especialmente delicados.

Si la pandemia se desborda en estos meses, retornar a clase será complicado por la propia resistencia de los padres. De momento la vacunación se ha estancado y las dosis siguen sin estar recomendadas para los menores, por lo que esa estrategia parece haber dejado de tener algún tipo de efecto real. En ese sentido, insistir en reducir el contacto social, mantener las distancias, el barbijo, el lavado de manos, etc., por mucho que suene cargoso, sigue siendo primordial.

Lo otro es saber si en todos estos meses sin escuela física, los colegios han sido capaces de tomar medidas que garanticen una mejor higiene y más medidas de bioseguridad, es decir, más baños, más espacio en las aulas, mejores sistemas de ventilación, etc., aunque con seguridad se puede afirmar que nada ha cambiado, no solo porque el Ministerio no haya anunciado ningún plan en este sentido, sino porque los pocos recursos que podían haberse orientado a ese fin, los del desayuno escolar, se fueron convirtiendo en bonos económicos diminutos para las familias, aunque algunas protagonizaron verdaderos conflictos para lograrlo.

Lo que no es posible es que llegue 2022 y el sistema escolar siga paralizado o envuelto en esa pantomima en que se ha convertido la educación virtual, donde la calidad no está garantizada en los conceptos, y mucho menos en actitudes o procedimientos. El daño inculcado no solo a los jóvenes en su aprendizaje, sino al propio país en su potencialidad de desarrollo, es incalculable y también intolerable. Son precisas medidas concretas que garanticen un retorno ordenado a las aulas. Queda tiempo, sí, pero cada vez menos.


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