La nueva oportunidad de los hidrocarburos en Tarija

La pandemia ha vuelto a dejar en evidencia que una cosa es que los países hegemónicos sueñen con una transición hacia las energías “limpias” y otra que sea posible en el corto plazo

Hace ya tres meses que Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) presentó su plan nacional para el relanzamiento de los hidrocarburos, un plan imprescindible para retomar la senda del crecimiento y sanear la producción de una forma inmediata, especialmente en estos momentos en los que los precios de las materias primas y las energías vuelven a dispararse a nivel mundial.

El plan era muy concreto para Tarija: dejaba fuera el tema de San Telmo, en el corazón de Tariquía, por los temas de la resistencia política, y apostaba por otras áreas en la zona tradicional, como el Aguaragüe, además de la recuperación secundaria en campos abandonados de los años 40 y 70 que con las nuevas técnicas pueden tener una segunda vida útil incluso mucho más productivo que en las primeras, cuando la extracción del crudo era muy rudimentario y contaminante.

En el camino, Yacimientos logró los acuerdos necesarios para retomar el proyecto en Astillero, otra de las áreas ya investigadas en los 70 y 90 y que tiene el mayor potencial en el departamento, además de las condiciones logísticas para disponer casi de inmediato de su producción, ya que su proximidad a las plantas de San Alberto y San Antonio es pequeña.

El desafío ahora es operar, es decir, vencer esas burocracias y trabas que tantas veces nos han golpeado en los tuzos para que los planes se conviertan en proyectos concretos lo más rápido posible y no solo en ideas glamurosas con las que llenar discursos. Es pertinente pasar de las palabras a los hechos.

En el mundo, los mercados energéticos están al alza por enésima vez en su historia. Los hidrocarburos vuelven a apreciarse y a convertirse en refugio por innumerable ocasión desde que se lleva pronosticando su fin. La pandemia ha vuelto a dejar en evidencia que una cosa es que los países hegemónicos sueñen con una transición hacia las energías “limpias”, de las que controlan las patentes y les hacen menos dependientes, y otra que se puedan cambiar las matrices mundiales en el corto plazo para adaptar millones de kilómetros de carreteras a los coches eléctricos o miles de fábricas a la energía solar.

Es tal vez la última oportunidad para que Tarija salga vencedora de su convivencia con los hidrocarburos, una convivencia que algunos tildan de “maldición” por la simple razón de que a quienes les ha tocado gestionar sus bonanzas, han sido incapaces. Es tiempo de reevaluar las condiciones y las capacidades, de fijar las prioridades y los límites, de establecer las reservas energéticas y las medioambientales, de hacer números, de invertir de verdad en valores añadidos, de ser sinceros y responsables, de no patear al país, de no creer que somos menos.

YPFB debe liderar este momento de nueva efervescencia, este último coletazo, esta oportunidad, para que la industrialización sea una realidad con la sostenibilidad como bandera.


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