Arce y el sistema gonista
Para Bolivia, un país de Estado débil donde el mercado opaco se encarga de regular tantas veces estos vaivenes mundiales, una amenaza a esos sectores de lealtades volubles supone un riesgo
El gobierno de Luis Arce Catacora tiene un problema con el sistema financiero y otro con la economía real. Los grandes organismos internacionales, al servicio de la banca transnacional, tratan de imponer los mecanismos del control de capital en el país vinculando futuros créditos al país a la aprobación de las famosas leyes y estrategias contra la lucha a las Ganancias Ilícitas y el Gobierno de Luis Arce ha sido incapaz de explicar sus alcances, porque sus opciones son pocas.
La primera es asumir que la situación económica es calamitosa, que no hay liquidez en el mercado, que hay que devolver 3.000 millones de dólares en “bonos soberanos” y que no hay como captarlos, y que, por lo tanto, están obligados a cumplir con los mecanismos que se exigen desde las financiadoras, y que básicamente quieren tener el control de dónde está todo el dinero, para poder optar a nuevos financiamientos que eviten el desastre patrio.
La segunda es reconocer que el MAS y su Gobierno se sostienen sobre poderosos grupos y sectores ultralibertarios que nada aportan al Estado, al contrario, y que esas alianzas son buenas para ganar elecciones, pero no para hacer país.
Y es que más allá de los argumentos esgrimidos y de que la oposición haya logrado canalizar el descontento hacia los sectores populares, exagerando los alcances y alertando a pequeños comerciantes que son muy conscientes de que gran parte de su actividad se realiza al margen de la legalidad, los grandes amenazados son evidentemente los grandes carteles del contrabando, del narcotráfico, cooperativistas mineros y demás, y algunos de esos sectores hoy anidan en la estructura del MAS, pero que también lo hicieron en la de Áñez y lo harían en cualquier gobierno alternativo que pueda salir de las ánforas.
Nadie dijo que este periodo de gobierno iba a ser fácil, peor con una pandemia de estas dimensiones encima y con la incertidumbre generada a nivel mundial, donde se prevé una inflación por alta demanda, pero con escaso crecimiento económico, lo cual acabará aumentando las diferencias entre pobres y ricos y aumentando la pobreza.
Para Bolivia, un país de Estado débil donde el mercado opaco se encarga de regular tantas veces estos vaivenes mundiales, una amenaza a esos sectores supone un riesgo de desestabilización evidente.
Arce trata de aplicar algunas de las recetas socialdemócratas después de 14 años de gobierno económico básicamente liberal, con una estructura esencialmente gonista tanto del Banco Central como del Mercado de Valores. Arce quiere que los bolivianos paguen impuestos sin decir que quiere que paguen impuestos, lo que le lleva a impulsar leyes de naturaleza contradictoria con sus propios postulados.
Hace falta una reforma urgente del sistema y toda su arquitectura, incluir los mecanismos que permitan al Gobierno tener el control de sus recursos naturales y económicos; una reforma que, al fin, nacionalice la economía.


