La política de las cosas pequeñas

Es urgente que desde un clima de paz y cooperación, Tarija se encuentre con sus provincias y se fijen las prioridades de inversión en desarrollo productivo, sí, pero también en educación y en las políticas que garanticen la atención a los colectivos más vulnerables

La crisis ha precipitado lo inevitable. Hubo algún tiempo que en Tarija parecía haber dinero para casi todo; un tiempo en el que los políticos prometían obras y proyectos casi sin parar; una época en la que se encadenaban nombres de hospitales – Cardiovascular, Materno Infantil, Oncológico – o de canchas deportivas sin cortar la respiración. Tiempos en los que parecía que realmente no seríamos más felices si no se completaban todas esas obras de cemento a la vez y que no solo eran carreteras, sino cantidad de centros lúdicos, canchas, complejos deportivos y centros productivos de los que solo se contemplaba la construcción.

Es curioso que además se prometían y aceleraban todas esas obras de cemento diciendo que el cemento no era lo más importante, y que lo que hacía falta era sembrar el gas y transformar las potencialidades de Tarija en nuevas industrias productivas.

No hay prácticamente nada que se pueda recordar del boom de los precios de los hidrocarburos entre 2012 y 2015. Nada que se empezara y se terminara esos años con buenos resultados. Antes hubo algunas carreteras de las que ahora dan problema, como la de Bermejo y la de Potosí y después, in extremis, se intentó hacer la del Chaco; hubo una inversión general en colegios y centros de salud, que aunque los fondos salieron de los mismos campos de gas llegaron de la mano del Gobierno, y hubo también algún cuidado en ornato. Después hubo muy poco.

En Tarija existe con razón esa sensación de que se perdió la buena ola, de que cuando llegaron los mejores ingresos, los tarijeños andábamos peleando cosas no tan importantes, y al final acabó saliendo una Villa Olímpica, un Prosol sin mucho rumbo y otros cuantos programas asistenciales como el de las Brigadas Barriales, las canastas o los planes de empleo urgente que trascendieron el plan original.

La cosa es que ahora nos encontramos aquí parados. Los ingresos en la Gobernación han pasado de rondar los 5.000 millones de bolivianos a sumar poco más de 600, y lo propio pasa con Gobiernos Municipales, que no logran hacer cuadrar sus cuentas.

No es el tiempo por lo tanto de los grandes compromisos ni de las grandes transformaciones traumáticas ni de la ciudad ni del departamento, sino de hacer las cosas que se deben hacer para avanzar hacia el desarrollo departamental y el concepto de Vivir Bien, que lo use quien lo use, resume la sabiduría compartida.

Ahora bien, trazar las prioridades de la sencillez tampoco debe estar en manos de cualquiera, porque ya sabemos lo que nos ha pasado en el tiempo reciente. Es urgente que desde un clima de paz y cooperación, Tarija se encuentre con sus provincias y se fijen las prioridades de inversión en desarrollo productivo, sí, pero también en educación y en las políticas que garanticen la atención a los colectivos más vulnerables. Tarija tiene compromisos que cumplir y sin duda, es el momento de hacer las cosas con la cabeza, después vendrán seguro nuevas oportunidades de crecer más rápido.


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