Bolivia y la No Violencia
Probablemente en este país nos hemos acostumbrado demasiado a conquistar el día a día en las calles y con dureza, porque nadie nos regaló nada, y ni siquiera los Libertadores estaban muy convencidos de hacernos Nación
El Día Internacional de la No Violencia es algo más que un simple homenaje a Gandhi, aquel líder hindú que encabezó la revolución que acabó replegando al Imperio Británico del Asia Central – y creando por cierto el enjambre de inestabilidad en Pakistán, Afganistán, Bangladesh, etc., - sino que pasa por ser una especie de declaración de intenciones de Naciones Unidas y todo su conglomerado sobre la forma en la que se deben hacer las cosas.
Es verdad que Gandhi proclamaba aquello de que la No Violencia era "la mayor fuerza a disposición de la humanidad. Es más poderosa que el arma de destrucción más poderosa concebida por el ingenio del hombre", y que tanto sus marchas como sus huelgas acabaron por conmover al mundo y dar sus frutos, por lo que el ideal sigue intacto, aunque por detrás se hayan desatado violencias todavía más cruentas en estos últimos cincuenta años que nunca creímos conocer. Desde 2007 está vigente este decreto que dedica el 2 de octubre al Día de la No Violencia.
En su argumentación, Naciones Unidas recuerda que Vivimos en un mundo que parece ser cada vez más violento. Se estima que cada año 1,6 millones de personas pierden la vida en algún acto de violencia, donde los tipos más comunes son violencia contra la mujer o violencia de género, violencia racial, violencia religiosa, violencia homofóbica y en menor grado violencia criminal, una catalogación que debe ser tomada muy en cuenta, pues la mayor violencia es familiar.
Según las estadísticas de la ONU se estima que el 35% de las mujeres que mueren en todo el mundo, lo hicieron por causa de un acto violento propiciado por su pareja o algún miembro de su familia. Pero lo peor del caso fue que en 2017 esta cifra subió al 50%. Los datos son aún peores, pues a las consecuencias fatales se suman violaciones, malos tratos físicos y verbales y otras formas de destrucción intolerables que devuelven siempre el debate a la propia utilidad de la No Violencia.
En Bolivia la violencia es parte del diario vivir, tanto hacia la mujer, hacia el menor, o entre iguales. Lo estamos viendo estos días en los conflictos de Adpecoca, lo vemos a diario en manifestaciones políticas, en paros y marchas, en chicoteadas y en la excesiva violencia verbal con la que se plantean las cosas.
Probablemente en este país nos hemos acostumbrado demasiado a conquistar el día a día en las calles y con dureza, porque nadie nos regaló nada, y ni siquiera los Libertadores estaban muy convencidos de hacernos Nación. Probablemente que nuestras plazas estén pobladas de guerreros a caballo y no de poetas o pintores – aunque alguna ya hay – acaba forjando un carácter que necesariamente debemos encaminar.
La violencia no puede seguir siendo la parte esencial de la resolución de los conflictos sociales ni políticos, y para ello hay que fortalecer la participación y la democracia, con la convicción debida y el debido proceso, frases que suenan bien pero que cuestan demasiado y exigen demasiados compromisos de todos en todo momento para que realmente salgamos del paradigma.
Es urgente que Bolivia se reencuentre en la paz y en la democracia, es urgente que la violencia ocupe menos espacio en nuestro día a día. Es imprescindible amarnos más y golpearnos menos.


