El respeto del planeta
La cuestión es que sea a ciclos largos o cortos, el cambio climático nos está afectando al día de hoy en lo más cotidiano de nuestras vidas. Las temperaturas se han extremado tanto en verano como en invierno
Arrancamos octubre con el ya tradicional Día del Árbol, una jornada que viene a estar consagrada al cuidado del planeta y a recordar diferentes compromisos, así como a hacer promesas sobre la revalorización de la vida natural, que muchas veces acaban olvidándose ni bien arranca el mismísimo 2 de octubre.
Y es que la agenda climática se ha convertido en objeto de pelea en los últimos años. Mientras de un lado se han alineado los movimientos más progresistas y a la vez, conservacionistas del planeta, en el otro se han encontrado una serie de articulaciones más libertarias, con ciertos afanes hegemónicos y básicamente negacionistas del proceso.
Posiblemente la afirmación más certera de los negacionistas es que falta información. En un planeta con miles de millones de años vividos, la información sistematizada en los últimos 20, 30 o 100 años probablemente es demasiado escasa como para considerar que el planeta camina hacia una fosa insalvable o si nos encontramos ante algún tipo de episodio cíclico de los que el planeta tierra ya ha salido airoso en otras ocasiones, pero lo cierto es que el problema está ahí.
El deterioro del medio natural se ha acelerado a todos los niveles y son contadas las excepciones donde se puede haber logrado cierto retenimiento de la situación. En Tarija hay algunas experiencias, como por ejemplo la de la introducción de la llama en el altiplano de Yunchará y El Puente, donde técnicamente había sido erradicada y sustituida por burros y ovejas que literalmente destruían el ecosistema andino. Hay otras menos exitosas, como esa voluntad urbana de cuidar las tierras de la ribera derecha del Guadalquivir, verde, para concentrar la construcción en la izquierda, de Las Barrancas a Torrecillas, mucho más expuestas a la erosión.
La cuestión es que sea a ciclos largos o cortos, el cambio climático nos está afectando al día de hoy en lo más cotidiano de nuestras vidas. Las temperaturas se han extremado tanto en verano como en invierno y los entretiempos prácticamente no existen: o hace calor o hace frío. Los efectos no son solo de apreciación, los cultivos y la crianza de los animales dependen de este curso vital por demás caprichoso, que tiene efectos nocivos en el departamento.
Sembrar árboles es uno de los planes de contingencia más fundamentales, por aquello de que contribuyen a purificar el aire, porque generan la lluvia y porque fijan el terreno en las laderas, más en estos tiempos de tormentas y riadas que se llevan la mitad de los terrenos. Con todo, no es la única.
La crisis climática nos está obligando a tomar medidas conjuntas e integrales en todos los sentidos, desde la planeación urbana hasta los grandes proyectos de “ampliación de frontera agrícola” y otros eufemismos que se usan a la hora de amenazar la continuidad del ecosistema natural. En esto hay enemigos celestiales y circunstanciales y otros terrenales y perfectamente jalables. Es tiempo de saber reconocer a cada uno y pedir las responsabilidades al respecto, porque al final, sembrar árboles está muy bien, pero el planeta en sí necesita mucho más respeto.


