La posibilidad latente de industrializar el gas

El gas es efímero, el plástico no. Las reglas del mercado cambian. Urge definir una reserva estratégica de gas que haga viable proyecto para que se convierta en certeza

Tarija sigue aportando la mitad del gas que se produce en el país y tiene algunos prospectos muy avanzados para recuperar la posición hegemónica de finales de la primera década de este siglo, donde casi el 80 por ciento del gas fluía desde San Alberto, San Antonio, Itaú y Margarita, sin embargo, falta un plan concreto que garantice utilidades para el país y el departamento.

El planteamiento clásico de la exportación está en devaluación, principalmente porque Brasil y Argentina van a estar autoabastecidos por el Presal y Vaca Muerta en el corto plazo y porque no se logró una salida soberana al mar por Chile, que hubiera permitido incursionar al mercado mundial del Gas Licuado en barcos metaneros. Es posible que esto pueda reactivarse ahora en una alianza estratégica e integral en el sur de Perú, pero el proyecto de momento no pasa de las buenas intenciones expresadas por unos y otros.

El objetivo, por ende, pasa por la industrialización del gas que todavía existe y que existirá en la medida en que se encuentren equilibrios entre la exploración responsable y el medio ambiente, como en los yacimientos no convencionales del sur de Chile y Argentina que ya nadie cuestiona.

El debate del plástico en el mundo entero está álgido. Mientras se quiere acabar con el plástico de un solo uso, se multiplican las aplicaciones plásticas con nuevas fórmulas más duraderas y menos contaminantes en todos los ámbitos del mercado y de la vida. El debate de la industrialización del gas, cuestionado al principio de siglo, está también científica y económicamente superado, dejando márgenes de beneficio tanto en dinero como en recursos ecológicos, por lo que es el momento de ponerse manos a la obra desde los poderes públicos.

El exministro Luis Alberto Sánchez paralizó la licitación de la petroquímica en el Gran Chaco, originalmente destinada a la industrialización del propano extraído en la Planta Separadora de Líquidos de Yacuiba. En su criterio, no había las suficientes garantías de que el proyecto y las licencias fueran las más convenientes para el país tras descubrirse que la misma empresa que había realizado los estudios definitorios pensaba adjudicarse la construcción y puesta en marcha.

Probablemente fue el mejor criterio en ese momento, 2017, pero lo extraño es que desde entonces no se haya avanzado nada en la reposición del proyecto, en su actualización, y en el resto de fases urgentes que deben iniciar una senda diferente a la de vender el gas en bruto sin más oficio ni beneficio.

Claro, hay quien siente vértigo ante la posibilidad de hacer las cosas distintas, ante la posibilidad de dejar el victimismo. El gas es efímero, el plástico no. Las reglas del mercado cambian. Urge definir una reserva estratégica de gas que haga viable el proyecto de industrialización, un proyecto que cambie nuestra suerte y que se convierta en certeza. Urge tomarnos más en serio y ser más ambiciosos. Nadie regalará nada en este siglo que se nos está quedando.


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