La economía de Arce

La teoría liberal de la libertad de mercado, que ya trastabilló en 2008, se ha ido por el sumidero con la irrupción de la pandemia y los Gobiernos se alistan para nuevas lógicas salvo en Bolivia

Volvió el presidente Luis Arce Catacora a su estrategia discursiva que tan bien le funcionó en la campaña electoral y que actualiza el discurso clásico de Evo Morales, pues compara todos los resultados con el año corto de gestión de Jeanine Áñez, en el que los principales indicadores se fueron al piso también por efecto de la pandemia.

La apreciación es correcta e interesada al mismo tiempo, pues no todas las medidas tomadas por el Gobierno de transición tuvieron que ver con la pandemia, así como la gestión del presupuesto se hizo con planificación política. La cuestión es que a Arce le viene al dedo para pintar un país en franca recuperación sin compararse demasiado con los últimos años de Morales, donde los indicadores mostraban franco estancamiento.

El clima exitista, que no se acaba de sentir en la calle, puede tener cierto efecto económico, como promulga la teoría más liberal, donde el estado de ánimo y la percepción del futuro de los consumidores estimula la demanda y el gasto corriente de los hogares, pero por lo general tiende a interpretarse como una voluntad política de forzar los datos, lo que a la larga resta la confianza.

El mundo en general está todavía calculando los efectos de la crisis que se avecina y, por el momento, todas las economías se preparan para un pico de demanda no correspondido en la oferta que genere inflación mientras el mercado financiero está bien nutrido en las potencias hegemónicas, que no han dudado en darle a la palanca de hacer dinero o emitir bonos cueste lo que cueste, como Estados Unidos, que ha presentado su mayor programa de inversión pública de la Historia o Europa, que ha hecho su primera emisión de deuda conjunta.

La teoría liberal de la libertad de mercado y los ajustes pertinentes, que ya trastabilló en 2008, se ha ido por el sumidero definitivamente con la irrupción de la pandemia y los Gobiernos se alistan para nuevas lógicas salvo en Bolivia, donde todo parece que ya está hecho, pero ya hay advertencias de que el empleo no se recupera y que la destrucción de empresas formales va a tocar máximos en el corto plazo porque las obligaciones han vuelto.

Hay espacio para mejorar en la medida en que Arce y su equipo den el paso definitivo para nacionalizar el ahorro interno y el sistema financiero en general, único sector que no ha dejado de reportar utilidades, y muy elevadas, durante toda la pandemia. Los números son evidentes, el 90% del ahorro de los trabajadores se lo reparten los bancos y el Tesoro General de la Nación, y apenas el 3 por ciento de los 20.000 millones de dólares van a parar a empresas productivas 100 por ciento bolivianas, mientras que el resto se invierte en transnacionales, bancos “del norte” y hasta en el Gobierno de Chile.

Sin duda es el tiempo de pasar de la retórica a la acción, de perder el miedo y de actuar en sintonía con el resto del mundo, que con muchas menos doctrinas y bravatas, ya está actuando.


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