La revolución pendiente del Transporte en Tarija

Hace falta un proyecto de shock que permita voltear las actuales lógicas y sumar nuevos competidores que sí quieran respetar las normas y contribuir a crear una ciudad mejor

El último cambio sustancial que hubo en el transporte urbano en la ciudad de Tarija fue el de pagar al subir, y de eso hace más de diez años. No fue fácil y aún hoy hay señoras de avanzada edad o estudiantes avivados que entonan el “pago después” para poder ingresar al vehículo.

En otro escalón mucho más alejado están los intentos de construir una red de ciclovías que en realidad no conectan nada con nada y que se han limitado al centro urbano, donde la velocidad es necesariamente baja y, por tanto, son innecesarias. También en ese escalón se pueden contar los intentos de algunas aplicaciones móviles por ofrecer servicios de taxi más seguros con geolocalización e identificación de vehículos, pero que ha ido degenerando con el paso de los meses hasta quedar desnaturalizados.

Después no ha habido nada: ni sistemas gps para micros que te permitan calcular los trayectos, ni establecimiento de paradas que puedan respetarse, ni mejora de los vehículos, ni nuevas distribuciones de líneas, ni nada en el sector de los micros y tampoco en el de los taxis.

Otras ciudades de Bolivia tampoco es que hayan avanzado demasiado. Las ciudades más pudientes han implementado los servicios públicos, como el Puma Katari, muy ordenado todo, pero todavía muy residual, y en La Paz, pagado entre todos, se ha implementado el servicio de teleférico, que es muy útil para recorrer grandes distancias. En Cochabamba sigue rezagada la construcción del tren eléctrico, un modelo en boga y que bien podría ser imitado en Tarija para unir Tomatitas – Campesino – Universidad – Terminal de Buses, pero que requeriría de una reingeniería total de las líneas.

El principal “problema” para mejorar el servicio de transporte público en Tarija, tanto de micros como de taxis, es que son privados y que el Gobierno Municipal perdió la autoridad y por ende, las licencias son un simple trámite controlado por los sindicatos y cooperativas que cubren el servicio sin atenerse a las normas generales. La última reforma gestionada por Rodrigo Paz Pereira acabó en desastre, con mayores concesiones aún para el sector; el tema del Taxi Seguro hace una década que se habla sin que los taxistas accedan a colorear su vehículo para unificar el servicio y aumentar la seguridad, mientras que los taxitrufis andan aumentando capacidades con o sin pandemia al ritmo que desean.

Mientras cada cual haga lo que quiera, la Alcaldía va a tener dificultades para retomar el control y establecer un sistema real de concesiones por líneas de explotación, con plazos perentorios y compromisos para cumplir, incluyendo paradas, calidad de vehículos, precios e inversiones, porque al final las calles son de todos, pero las explotan solo algunos.

Hace falta un proyecto de shock que permita voltear las actuales lógicas y sumar nuevos competidores que sí quieran respetar las normas y contribuir a crear una ciudad mejor, más amable y más humana. El tiempo corre para todos, pero las medidas de fondo hay que tomarlas cuanto antes.


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