Ideas para el Prosol y el Fopedt

Todo cambia y es el tiempo de hacer un pensamiento sobre algunos de los programas que aún se pueden sostener. Hay que buscar la forma de multiplicar los recursos. Hay que pensar con ambición y creatividad

Ahora que los recursos escasean, urge que los pocos que quedan se administren con sabiduría, pero también con cierta ambición en el sentido de poder hacer las cosas de otra manera que permita nuevos resultados.

Desde hace diez años en el caso del Programa Solidario (Prosol) y tres en el caso del Fondo de Promoción Económica Departamental (Fopedt), aun con diferencias entre uno y otro programa, la Gobernación de Tarija ha ido erogando recursos para apoyar pequeñas unidades productivas inconexas, sin que estas tuvieran claro su objetivo vital y más al contrario, acudieran a la financiación con la ilusión de tapar agujeros o cubrir algunas expectativas difícilmente alcanzables.

El Prosol se arrancó a punta de bloqueo campesino y el programa ha ido mutando. Del individualismo inicial, con el que se entregaban los fondos a cada campesino para que hiciera con ellos lo que quisiera, al colectivismo posterior, que requería el consenso comunal para abordar proyectos de mayor tamaño que sumaría las cantidades individuales.

El Fopedt fue otra demanda de tiempo, que algunos venían denominando como “el Prosol urbano”, y que beneficia principalmente a unidades “no productivas”, en la estricta definición de la palabra y sin ánimo de menoscabar a nadie, y que son básicamente choferes y gremiales, si bien es cierto que también pretende apoyar otras iniciativas y emprendedurismos no tradicionales.

El problema con ambos programas es que nunca ha habido un acompañamiento cercano que garantice que los recursos se invierten con éxito, lo que en estrictamente significa mejorar la productividad de los beneficiarios y en un caso ideal, abaratar costos a los vecinos. Esto no sucede.

En el caso del Prosol se han enumerado incontables escándalos y casos de mala inversión de los fondos durante años, y son muy pocas las iniciativas con sello de calidad que se hayan materializado en cooperativas o sellos de producción elevado. En el caso del Fopedt los resultados están aún por ver en cuanto empiecen a retornar los fondos, si bien en época de pandemia y con graves problemas de circulante, los expertos ya advierten problemas en ese aspecto.

La Gobernación ha señalado que implementará un servicio de acompañamiento en el caso del Fopedt, y probablemente también en el caso del Prosol, que permita mirar más allá y fijar objetivos productivos claros, lo cual es una medida básica que debía haber sido tomado desde el origen, lo cual es un buen paso adelante, pero siempre se puede más.

En un momento en el que la tierra y la industria agroalimentaria se está convirtiendo en el objeto de deseo de un sistema capitalista en declive es posible imaginar hacer las cosas de otra manera, y fomentar el cooperativismo y la tenencia compartida de la explotación industrial parece estar marcando nuevos caminos. En Brasil, sin ir más lejos, el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra ya están recibiendo recursos a través del muy capitalista mercado de valores mientras que, en otros países, como en Bolivia, se sigue utilizando el ahorro interno para financiar a las grandes transnacionales.

Todo cambia y es el tiempo de hacer un pensamiento sobre algunos de los programas que aún se pueden sostener. Hay que buscar la forma de multiplicar los recursos. Hay que pensar con ambición y creatividad. Tarija puede.


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