Mariscal y los otros rehenes de su desaparición
Tanto el Ministerio Público como la Policía Nacional deben movilizarse para proteger a las víctimas, rehenes de su propia desgracia, y desenredar de una vez un caso que es una gran deuda con Tarija
El caso Mariscal está cerrado en el Ministerio Público desde hace unos cuantos años, pero jamás lo estará ni en el corazón de su familia, ni de sus amigos y conocidos, ni de toda Tarija que todavía extraña a uno de los periodistas más carismáticos de los últimos años, siempre preocupado por la Justicia Social.
Mientras eso pase y mientras todo el mundo siga teniendo los ojos bien abiertos, cualquier indicio puede llevar a descifrar un enigma guardado por demasiado tiempo, obviamente con demasiadas complicidades y alguna que otra amenaza, como parece develarse en las últimas semanas.
Lo bueno es que la verdad acaba saliendo a la luz, sobre todo cuando hay gente que sabe perfectamente lo que pasó aquella noche de enero en la que el periodista salió de su trabajo eventual como animador en una discoteca, tomó su auto y fue hasta la casa de la chica con la que recientemente había acabado una tormentosa relación a pedir una nueva oportunidad, según testimonió la expareja en su momento.
Solo un hombre había aquella noche en aquella casa, Julio Gómez, eventual pareja de la madre de la sindicada y hermano de Rafael Gómez, el abogado que se hizo cargo de la defensa de la expareja de Cristian Mariscal y quien construyó varios relatos alrededor del destino de Mariscal y que van desde su fuga voluntaria hasta una investigación sobre el cartel de los soles y que parten de una premisa: sin cuerpo no hay crimen.
Solo la gente que estaba en esa casa sabe exactamente qué sucedió aquella noche en la que nadie más volvió a ver a Cristian Mariscal con vida. Y es que, según la narración de los testigos, digitados por su defensa, Cristian Mariscal salió de la casa en su vehículo y se fue tan tranquilamente a algún lugar, donde hizo unas últimas llamadas ya de madrugada, pero el cuaderno de investigación dice que un pintor cubrió las paredes del pasillo desde el cuarto de la expareja hasta la calle; que las pruebas de luminol encontraron allí una decena de manchas de sangre borradas cuyo test genético se arruinó entre el ITCUP y el IDIF; y que el vendedor de un auto exactamente igual al de Mariscal, pero que burocráticamente se descartó que fuera el mismo, tenía su taller precisamente llegando al lago San Jacinto.
Julio y Rafael han resultado hermanos de Edson, casualidades del destino, seguro, en busca y captura desde hace seis meses por haber abusado sexualmente de dos menores precisamente de la familia de la expareja de Cristian Mariscal y en la misma casa donde se le vio con vida por última vez. El relato que la familia, las fechas y la forma en que se hace público este último caso corresponde, según expertos, al de una familia víctima de abusos y otros vejámenes.
Es el turno tanto del Ministerio Público como de la Policía Nacional. Ambas instituciones conocen por demás lo sucedido y tienen más información de la que conceden. En cualquier caso, ambas instituciones deben movilizarse para proteger a las víctimas, rehenes de su propia desgracia, y desenredar de una vez un caso que es una gran deuda para el departamento de Tarija.


