Tarija y su complejo rol en los hidrocarburos del país

La industrialización sigue siendo el camino para el empleo y la proyección con la creación de una reserva estratégica, aunque por el momento sigan mandando las ambiciones a corto plazo

Los meses pasan y el supuesto plan para reactivar la industria energética del gas y el petróleo no parece avanzar más allá del documento difundido en el que se incide de nuevo en un listado de proyectos manidos e inciertos que hasta ahora no se encuentran formas concretas de hacerlos exitosos.

Tarija es sin duda uno de los departamentos más interesados en este plan, pues por mucho que se insista en el fin del ciclo del gas y en la necesidad de encontrar otras fuentes de financiamiento alternativas, las regalías siguen siendo el principal ingreso al Tesoro Departamental y tampoco se ha trabajado ninguna alternativa a ello, pues requeriría una modificación del Pacto Fiscal para la que, por el momento, no hay viabilidad.

Tanto el candidato del MAS, Álvaro Ruíz, que plantea una lluvia de millones inmediata, como el candidato de Unidos, Óscar Montes, que plantea una emisión de bonos y una reconversión de la deuda de corto plazo en largo plazo para ganar más margen de acción, se apoyan precisamente en la generación de recursos hidrocarburíferos, pues no hay ningún otro ingreso ni ningún otro impuesto que se pudiera crear que a corto plazo pudiera hacer frente a tamañas obligaciones.

Una vez transparentado esto, que va mucho más allá del discurso electoral del momento, conviene hacer repaso del estado de los campos tarijeños, que sin duda han entrado ya en una fase de estancamiento, cuando no peor.

Los contratos de Tariquía siguen corriendo y todo parece apuntar a que será la propia presión de las cuentas públicas la que acabará venciendo cualquier resistencia

Margarita pasa por ser todavía la única esperanza a corto plazo, pues San Alberto, que en algún momento produjo 18 millones de metros cúbicos de gas diarios, apenas pasa de los 2 últimamente, y San Antonio – Sábalo alcanza a duras penas los seis. Con todo, los datos del campo “compartido” con Chuquisaca da señales de haber alcanzado su madurez y de tener ya pocas opciones para incorporar pozos altamente productivos.

El resto de pozos que operan en Tarija, como saben, son antiguas inversiones o viejos pozos recuperados con nuevas técnicas de los que se espera prácticamente nada. Los dos últimos grandes proyectos de inversión: Boyuy en el área de Caipipendi y Jaguar en Huacareta, han acabado en sonoros fracasos para los que solo había un plan B: Tariquía.

La Reserva Natural de Flora y Fauna sigue amenazada básicamente porque nadie hizo nada para aliviarla del riesgo cuando tuvo oportunidad. Los contratos siguen corriendo y todo parece apuntar a que será la propia presión de las cuentas públicas la que acabará venciendo cualquier resistencia.

Tarija necesita plantearse una vez más su papel en toda la cadena de hidrocarburos, esa misma a la que llevamos contemplando dos décadas sin ser actores ni partícipes reales del negocio. No es cierto que ya no se pueda hacer nada. Tarija puede jugar aún un rol específico en la transformación de las ideas sobre la cadena. La industrialización sigue siendo el camino para el empleo y la proyección con la creación de una reserva estratégica, aunque por el momento sigan mandando las ambiciones a corto plazo y el pesimismo generalizado. Estamos tal vez ante la última oportunidad para que así sea.


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