Las banderas de Tariquía

La gestión del proyecto de Tariquía, impulsado por el MAS de Álvaro Ruiz, siguió su camino mientras Víctor Hugo Zamora era ministro de UNIR. Su utilidad vuelve a irrumpir en un momento de crisis

La campaña por la segunda vuelta de las elecciones subnacionales ha empezado fuerte en Tarija, no solo por el movimiento de la Fiscalía, que parece haber abierto una causa general contra todos los que apoyaron el Gobierno de Jeanine Áñez, lo que podría tener ramificaciones impredecibles.

Otro tema que se ha colado en la agenda en el de la exploración de hidrocarburos en Tariquía, una de las Reservas Nacionales de Flora y Fauna más importantes de Tarija y que desde 2016 está puesta al alcance de los depredadores petroleros por aquellos que buscan regalías fáciles.

El asunto es relativamente sencillo de explicar. Cuando en 2015 asumió la cartera de hidrocarburos el exministro tarijeño Luis Alberto Sánchez la misión cambió radicalmente. Los niveles de producción estaban en riesgo por la ausencia de nuevas reservas de gas mientras los campos en funcionamiento iniciaban la inexorable declinación. En ese momento, el MAS abandonó definitivamente el camino de la industrialización y volvió a colocar como eje la exportación con su nuevo lema “Corazón Energético de Sudamérica”, un lema absolutamente falaz atendiendo a los megayacimientos de Vaca Muerta en Argentina y del Presal en Brasil que de por sí están cerrando los mercados naturales de exportación a Bolivia.

En el plan de Sánchez estuvo la famosa Ley de Incentivos: un premio extra a las petroleras por hacer su trabajo de explorar, y, además, el ingreso a áreas protegidas para buscar hidrocarburos. Tariquía, que ya había sido sondeada en los 80, fue de las primeras en ponerse en la subasta, y efectivamente, Petrobras se la adjudicó a las primeras de cambio, a pesar de haber pedido reducir la confrontación social que podría derivar del proyecto de exploración en San Telmo y Astilleros.

El MAS abandonó definitivamente el camino de la industrialización y volvió a colocar como eje la exportación con su nuevo lema “Corazón Energético de Sudamérica”

Ni Sánchez ni el MAS ni el hoy candidato Álvaro Ruíz disimularon cual era el verdadero objetivo de la exploración: aumentar los recursos en el corto plazo por regalías e IDH. La zona, por potencial y ubicación, permitía una rápida puesta en servicio. Los contratos se firmaron y el trabajo comenzó, en marzo de 2019, cuando se intentó ingresar en la zona, empezaron los conflictos y el rechazo social y en un cálculo evidentemente electoral, el Gobierno paralizó las actividades, pero mantuvo los contratos.

Después cayó Evo, subió Jeanine y la cartera recaló en otro ministro tarijeño, Víctor Hugo Zamora, yunta en ese entonces del otro candidato, Óscar Montes, que en casi doce meses de gestión y a pesar de las rimbombantes declaraciones, no movió un dedo para modificar el proyecto en su fase inicial.

Con el retorno del MAS, el proyecto vuelve a ser una realidad y YPFB ya ha anunciado su reinicio en el corto plazo en medio de una coyuntura de crisis económica y degeneración moral, y también de pugna proselitista en el que cada cual tratará de llevar el agua a su molino en este asunto que vuelve a ahondar en lo mismo: futuro inmediato y futuro a largo plazo. Sin duda, una profunda diatriba.


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