Una nueva lógica en la Asamblea Departamental
La próxima legislatura va a ser de estrecheces, por lo que va a exigir al máximo también de los políticos, que van a tener que recordar cómo se hacía política sin recursos económicos
La nueva composición de la Asamblea Legislativa Departamental que han arrojado las ánforas es ligeramente más plural y aritméticamente mucho más interesante que en pasadas gestiones. En principio el MAS es la fuerza más votada y con mayor presencia territorial en las provincias, pero se ha visto perjudicado por la nueva distribución de curules y la nueva forma de asignación, bajando de 16 curules, que le daban una holgada mayoría absoluta, a 13.
El gran beneficiado por la nueva distribución ha sido Unidos por Tarija, la fuerza de Óscar Montes que agrupó a diferentes “caudillos” locales de la vieja guardia y se ha beneficiado con 12 curules, y es que provincias como Méndez y Avilés, que repartían sus curules territoriales por municipio y normalmente eran los dos para el MAS (Uriondo y Yunchará; San Lorenzo y El Puente) ahora se han repartido uno y uno para las dos fuerzas más votadas.
Por otro lado, Comunidad de Todos obtiene dos curules clave, uno en Cercado y otro en el Gran Chaco, que pueden conformar mayorías opositoras con el MAS para asuntos clave como el reparto de la Mesa Directiva o la aprobación de presupuestos, más allá de lo que haga la bancada indígena de tres asientos, que tendrán que emplearse a fondo para no ser cooptados a cambio de promesas, como por otra parte venía sucediendo.
Lo que hace complicado esta nueva distribución es lograr una mayoría de dos tercios relevante y suficiente para asuntos clave, por lo que cualquier reforma del propio Estatuto, que casi todos los frentes han planteado abiertamente, u otros asuntos de fondo, como los financiamientos externos, requerirán de un amplio consenso entre fuerzas, algo que es en sí mismo positivo.
La Asamblea Legislativa ha funcionado poco como ente colegiado y mucho como expresión del interés cortoplacista de los partidos unas veces y de los propios asambleístas otras muchas veces
Lo cierto es que la Asamblea Legislativa ha funcionado poco como ente colegiado y mucho como expresión del interés cortoplacista de los partidos unas veces y de los propios asambleístas otras muchas veces. La única vez donde hubo opciones aritméticas para que primara lo político, las bancadas del MAS (11) y del PAN (5) tardaron seis meses en ponerse de acuerdo para fagocitar al Gobernador electo. El legado de aquella experiencia es el de Lino Condori.
Por lo general, y con el paso del tiempo se ha confirmado, los asambleístas aspiran a ser más pronto que tarde alcaldes de su municipio, lo que complica aún más cualquier iniciativa que tenga que pasar con la Asamblea, que solo se preocupa de los repartos a partes iguales, ni siquiera proporcionales, con lo que la próxima legislatura promete ser apasionante en este aspecto, sobre todo porque los recursos han mermado en gran cantidad.
La próxima legislatura va a ser de estrecheces, por lo que va a exigir al máximo también de los políticos, que van a tener que recordar cómo se hacía política sin recursos económicos, y cómo se puede debatir para sobresalir sin necesidad de comprar a nadie. Sin duda va a ser exigente y, para bien o para mal, en el hemiciclo se han juntado unas cuantas vacas sagradas que seguro ofrecerán mucho de sí.


