Una tragedia y la urgencia de soluciones

En pasadas ocasiones el control y la lucha contra esta actividad ilegal se basó en la destrucción de gomones, pero rápidamente los reinventaron y siguieron funcionando.

El nudo en la garganta persiste luego de que un gomón se volcara en las aguas turbulentas del río Bermejo. Una escena sin duda desgarradora. “El tener que soltar a tu hijo porque ya no puedes más es una tragedia” aseguraba entre lágrimas una mujer testigo del hecho.

Pero de fondo se yergue como una montaña la crisis económica que ha incrementado esta actividad, considerada desde hace muchos años como ilegal, y aunque se han hecho varias intervenciones para erradicarla, nada ha sido eficaz.

La inseguridad para las personas es una constante, pues a menudo se trasladan sin ninguna precaución hacia Aguas Blancas (Argentina) y viceversa. El transporte son embarcaciones artesanales, precarias, hechas con llantas de goma, nada garantizado.

Sumado a esto el río Bermejo, por las constantes lluvias, aumentó su tamaño; pero esto es en lo último que piensan muchos lugareños que desafían las aguas para realizar transportes comerciales de manera ilegal.

A mediados de enero el capitán de Puerto Fernando Suárez declaraba que tanto las chalanas como los gomones no tienen autorización para operar. Y que, si bien existe actividad fluvial en esta zona, era porque faltaba personal militar para controlar.

A raíz de esta deficiencia y de la crisis económica agravada por la pandemia la actividad persiste con consecuencias muy lamentables. Las personas a diario se dan modos para burlar los escasos controles.

En pasadas ocasiones el control y la lucha contra esta actividad ilegal se basó en la destrucción de gomones, pero rápidamente los reinventaron y siguieron funcionando.

El trabajo de los bagayeros no es novedad, y es de hecho un tema delicado que tuvo especial visibilidad durante la pandemia por la manera en que nuestra gente cruza por pasos fronterizos ilegales a localidades de Salta para llevar su mercadería.

Sumado a la inseguridad el contrabando es otro gran perjuicio para el mercado local que busca levantarse en estos tiempos. Cientos de pequeñas empresas de productos nacionales se lamentan hasta el cansancio. Pero el contrabando es más fuerte y se come lo nuestro.

Es momento de poner los ojos sobre el problema, pensar con la cabeza fría e idear un plan para frenar esta actividad ilegal, que además de afectar la economía departamental pone en riesgo muchas vidas.

Más aún, debemos ser conscientes que para grandes problemas se requieren grandes soluciones, pues la crisis es algo que no podemos olvidar y ésta es precisamente una manera que han encontrado muchas personas para sobrevivirla. La solución para esto comienza desde abajo como todo problema estructural.

Los futuros gobernantes que ya pronto se elegirán tienen muchos retos y éste es uno de ellos. Que el incidente nos sirva para abrir los ojos y concentrarnos en el asunto.


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