Tarija y su turismo
No es tiempo de obras faraónicas y si de potenciar nuestras capacidades, de hacernos un lugar más cómodo y más sencillo para disfrutarlo nosotros mismos, el resto, llegará
La pandemia ha tenido sus efectos en el mundo del ocio y la cultura a nivel global, probablemente siendo el sector más afectado de todos. El turismo pasa por ser uno de esos y aun siendo una de las actividades que más se han extrañado en las largas y tortuosas cuarentenas, su reactivación es todavía una hipótesis de futuro muy limitada.
Por lo general, se acepta que el turismo volverá a aparecer una vez que se controle el virus a nivel mundial y se estandaricen las cartillas de vacunación y los procedimientos para el abordaje de los aviones, etc., así como tener claros los protocolos de actuación, sin embargo, una nueva magnitud se pondrá a consideración a la hora de elegir destino junto al del precio, idioma y expectativa de ocio o descanso: la calidad del sistema de salud.
En ese sentido y de acuerdo a lo vivido, Bolivia perderá todavía algunos puntos más en la escala de preferencias de los pasajeros internacionales, pues el sistema sanitario ha demostrado ser insostenible y egoísta, y en todos los casos, poco tranquilizador para cualquiera que pueda imaginar un percance.
Miradores abandonados, rutas desprolijas, villas olímpicas, museos inconclusos, rodeos, parques falsos, etc., se amontonan a lo largo y ancho de la geografía departamental sin ningún uso
La cantidad de turistas internacionales que llegan a Tarija al año – mejor dicho, llegaban – es ciertamente insignificante (no se cuentan mochileros o aventureros varios), reducido a unas docenas de familias que aterrizaban rebotadas de la gran ruta continental (Machu Pichu, Titicaca, Salar, Atacama, Iguazú) buscando tal vez unos días de descanso o seducidos por lo exótico de una ruta del vino de altura un tanto diferente.
La cifra irrisoria ha contrastado siempre con las rimbombantes campañas publicitarias turísticas que buscaban posicionar a Tarija en las grandes rutas, y que dolosamente parecían diseñarse hacia el turista europeo de alto poder adquisitivo en lugar de concentrarse en el turista nacional, que bien merece un descanso en el mejor pago del país.
La crisis del turismo a nivel internacional debe ayudar a Tarija a concentrar sus esfuerzos precisamente en ese sentido, una vez liberado de complejos o de ambiciones poco coherentes. El turista nacional sí puede encontrar en Tarija un lugar diferencial con todo el resto del país y, además, sentir la confianza de estar en el departamento con el sistema de salud mejor preparado de acuerdo a los datos del Covid.
Ahora bien, en nombre del turismo se han justificado numerosas barrabasadas instaladas en este departamento que no han tenido ningún tipo de interés ni para el turismo nacional y apenas para el turismo local. Miradores abandonados, rutas desprolijas, rodeos, villas olímpicas, museos inconclusos, parques falsos, etc., se amontonan a lo largo y ancho de la geografía departamental sin ningún uso.
Tarija merece ser un buen departamento y sus habitantes se merecen poder disfrutar de él. No es tiempo de obras faraónicas y si de potenciar nuestras capacidades, de hacernos un lugar más cómodo y más sencillo para disfrutarlo nosotros mismos. El resto vendrá solo, y se agradecerá.


