La economía y la autonomía

El próximo 7 de marzo se eligen alcaldes y gobernadores, además de concejales y asambleístas, pero lo que está en juego es la propia autonomía departamental en un contexto de crisis y de agotamiento de las instituciones que la impulsaron

Probablemente es Tarija el único departamento que genuinamente cree en el concepto de autonomía, básicamente porque la ha ejercido desde su nacimiento con aquello de la anexión rogada hasta tres veces por el Moto Méndez cuando la capital argentina se fue de Tucumán a Buenos Aires, pero también porque ha padecido en sus carnes las decisiones del centralismo: nadie como Tarija ha perdido tanto territorio desde la independencia, a veces por guerra, a veces por negociación, otras veces porque sí.

No hace mucho, por ejemplo, perdimos la mitad del megacampo Margarita porque estaba demasiado en la frontera con Chuquisaca y alguien interpretó que lo de la boca de pozo era nomás una frase hecha en el ordenamiento jurídico.

Lo que más se ha perdido en los últimos años, precisamente con el intento de institucionalizar la autonomía, es la libertad para manejar el presupuesto, es decir, lo que, en esencia, es la autonomía.

Incluir la figura en la Constitución costó una de las peores crisis políticas de este siglo, pero finalmente se llegó a una solución de consenso que parecía salvaguardar las aspiraciones de todos. Después vino la Ley Marco de Autonomías y se arruinó todo. Cualquier proyecto no solo debía estar enmarcado y contar con la autorización del Ministerio de Planificación, sino que cualquier movimiento debía contar con la autorización del Ministerio de Finanzas, lo que al final es la no autonomía.

Incluir la figura en la Constitución costó una de las peores crisis políticas de este siglo, pero finalmente se llegó a una solución de consenso que parecía salvaguardar las aspiraciones de todos

La primera gestión autonómica fue abortada por la huida de Mario Cossío tras su suspensión y el penoso interinato de Lino Condori, sostenido por muchos políticos de los que hoy se declaran opositores, y se resumió en una multiplicación del gasto y la infinita aprobación de inversiones de todos los colores en todas las provincias sin ningún tipo de plan director detrás, pero claro, eran tiempos en los que el petróleo cotizaba por encima de 100 dólares y el administrador coincidía en colores con los responsables de los ministerios.

La segunda se resume todavía en pagar las facturas heredadas de la gestión de Lino Condori, algo para lo que el equipo de Adrián Oliva ha tenido que sudar tinta, pero que al final no solo ha conseguido destrabar buena parte de los proyectos pendientes, sino que ha conseguido capitalizar las obras políticamente, algo que ha enervado a otros frentes.

A la tercera llegamos con unas cuentas más o menos saneadas, pero con una profunda crisis económica a nivel mundial y un Gobierno muy enfocado en su protagonismo, lo que no resulta nada halagüeño para plantear una expansión de la economía, probablemente una de las claves para salir más rápido de la crisis cuando pase la pandemia.

La mayoría de los candidatos considera la autonomía un asunto incómodo y amortizado, lo cual puede tener un impacto todavía peor en la futura legislatura. Veremos qué opinan los ciudadanos.


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