Las películas de la campaña

En campaña todo suena a relatos épicos, series de Netflix y películas de éxito. Lo cierto es que después de todo este periodo quedará una Tarija que gobernar a la que se empujó a un callejón entrampado

Después de casi dos años y medio de campaña electoral luego de que se precipitara aquel 1 de octubre de 2018 cuando perdimos el mar por segunda vez, Bolivia y Tarija enfrentan al fin la última semana antes de los comicios.

Desde que empezara esta campaña han pasado cosas increíbles, desde la caída de Evo Morales, quien fuera el presidente más poderoso de Sudamérica, hasta la irrupción de una pandemia mundial que ha paralizado y modificado casi todo lo conocido. Por hacerse una idea, durante más de la mitad del traumático gobierno de Donald Trump, Bolivia ha estado en campaña electoral.

De tanto tiempo en campaña, cualquiera podría decir que los ciudadanos llegan mejor informados que nunca y que los políticos han tenido tiempo para acomodar sus propuestas a la coyuntura, que era de por si compleja y ahora es verdaderamente diabólica. Sin embargo, las actuales campañas evitan a toda costa dar detalles de lo que se pretende hacer más allá de planes muy generales y alguna idea estrambótica que se lanza como ocurrencia y que si además es ligeramente decente, es copiada inmediatamente por el resto.

Las campañas actuales se basan en configurar perfiles de proto hombres capaces de todo dentro de un relato épico en el que todos son malos y todo son amenazas, pero que el líder divino las reducirá a cenizas. Esto, con todas sus variantes, ya lo inventaron los griegos del siglo –VI, pero igual dicen que sigue funcionando en política.

El relato en Tarija está configurado alrededor de la crisis económica de la que nadie reconoce paternidad, pero que tiene que ver con un modelo fallido: Autonomía vinculada a las regalías petroleras y sus vaivenes en el mercado que no podemos controlar, pero también a una gestión dispendiosa donde nadie asumió responsabilidades para decir no y decenas de millones de bolivianos se enterraron directamente en cualquier lado y sin utilidad. Desde una Villa Olímpica hasta decenas de inexistentes microproyectos de riego.

Las actuales campañas evitan a toda costa dar detalles de lo que se pretende hacer más allá de alguna idea estrambótica que se lanza como ocurrencia

Responderse los porqués pasaron determinadas cosas en la corta vida autonómica es una responsabilidad individual más allá de lo que los medios podamos haber ido narrando y que queda como valioso recuerdo en la hemeroteca. Elegir hemos elegido un Prefecto y dos Gobernadores, aunque un interino se acomodó en el cargo más de cuatro años y medio luego de que la corrupción de las obras faraónicas hiciera mella. Como también es verdad que el barril trepó hasta los 130 dólares y acabó derrumbándose hasta los 30 en 2015, y que desde entonces se ha estabilizado en unos 55 dólares con muy pocas ganas de seguir subiendo.

En campaña todo suena a relatos épicos, series de Netflix y películas de éxito. Lo cierto es que después de todo este periodo quedará una Tarija que gobernar a la que se empujó a un callejón entrampado con la venia y consentimiento de unos y otros. Hoy debe salir adelante. Y no es película ni caben errores.


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