Las vacunas y el Covid

“No es carrera” repiten algunos de los ambiciosos de occidente, pero lo cierto es que hay que tratar de ser lo más rápido y efectivo posible y no solo porque todos estemos agotados de este virus que ha cambiado nuestra forma de vivir

El problema de tardar demasiado en el operativo de vacunación es que se pueden generar variaciones que después generen resistencias, es decir, que se le da más tiempo al virus para que cambie y se fortalezca y venza a la vacuna, haciendo inútil todo el esfuerzo. El problema es que ni los países hegemónicos han querido entender esto, y han preferido acaparar cuatro veces más dosis de vacuna que población tienen, pero mientras corra libre en el resto del mundo no tendrán la garantía de seguridad que se necesita para que la economía se active.

Mientras esto se entienda y se tomen cartas reales en el asunto a nivel mundial, estos primeros intentos de vacunación están sirviendo para que queden en evidencia muchos Gobiernos que han comprometido su continuidad política en la campaña.

En Bolivia el asunto de la pandemia siempre se manejó políticamente. Áñez intentó dar la imagen de madre dura pero bondadosa aplicando una cuarentena férrea y dando unos míseros bonos que acabaron por agotar la economía y Arce prefiere presentarse como el padre que no mira los peligros y además, da plata para la fiesta de fin de año. Ambos han dosificado las pruebas para domesticar las curvas de casos a su conveniencia según el momento electoral que se viva, y ambos han maquillado groseramente las cifras de muertos.

A Arce le toca ahora lidiar con el asunto de las vacunas como a Áñez le tocó con los respiradores o con los laboratorios, que de hecho tuvieron un final de fracaso absoluto. Poner fechas límite suele dar buenos réditos políticos en la entrega, pero después se cobran caros.

Arce firmó con la proveedora rusa en enero 7 millones de dosis hasta mayo, pero de momento han llegado 20.000. Después dijo que en febrero llegaría un millón de vacunas del mecanismo Covax y el tiempo se acaba sin ello.

Finalmente han llegado (técnicamente, las hemos ido a buscar) medio millón de vacunas chinas que estaban disponibles en Beijing ante las típicas resistencias occidentales a reconocer la ciencia asiática en general y china en particular, pese a los ejemplos concretos de excelencia. En Bolivia, como se adelantó Piñera en Chile, no se han oído tantas voces divergentes hacia esta vacuna que en realidad sí tiene una menor efectividad, pero que ayudar ayuda.

Con medio millón de vacunas, el desafío ya es mayúsculo, pues se trata del mayor operativo logístico desplegado en todo el territorio con un material altamente sensible que requiere de unas condiciones de refrigeración y almacenaje particulares. Nada que ver con el Juancito Pinto, por ejemplo, salvo por aquello de que se ha convertido en objeto de deseo y puede ser objeto de robos.

“No es carrera” repiten algunos de los ambiciosos de occidente, pero lo cierto es que hay que tratar de ser lo más rápido y efectivo posible y no solo porque todos estemos agotados de este virus que ha cambiado nuestra forma de vivir sino por la evolución propia del virus. Eso sí, en Bolivia, como en todos los países desplazados y con menos recursos, no se puede fallar, nos hay tres dosis de reserva por cada una que se aplique.


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