Por la sanidad pública
En Bolivia faltan médicos titulados y médicos con ganas de trabajar en la sanidad pública, y para paliarlo es necesario abordar una reforma de fondo, y de frente
El derecho a la huelga es tan constitucional como el derecho a la vida y a la salud, así que no se trata de entrar en un debate estéril de cual debe prevalecer. Mucho menos en uno de quien tiene razón o no en el enésimo enfrentamiento entre el Gobierno (del MAS) y los colegios médicos que hoy más que nunca acaudillan la sanidad, pública y privada, mirando esencialmente a sus intereses particulares.
Hacer una huelga médica en plena pandemia, siendo uno de los países más vulnerables y que peor ha manejado la emergencia es difícil de sostener. Peor cuando se va al fondo del asunto y se ponen sobre la mesa las reivindicaciones: tarifas, contratación de emergencia y derecho a parar. Es evidente que, como pasa habitualmente en Bolivia, el gremio ha reaccionado por instinto cerrándose en banda para proteger sus privilegios o derechos de grupo adquiridos, aunque estos sigan siendo penosos.
El asunto es recurrente desde hace varios años. Ante cualquier intento de modernización del sector sobreviene una movilización médica, que conscientes de que no se juegan nada, se van “hasta las últimas consecuencias” que en realidad no son ninguna, salvo para los pacientes.
El asunto es de doble dirección, pero cada cual tiene que sostener su pita. El sistema de salud no ha mejorado absolutamente nada desde hace demasiado tiempo, y los proyectos como el SUS quedaron poco más que en un sueño de verano. Por lo general, la atención es mala y los ciudadanos optan casi de forma automática por la sanidad privada, incluso cuando hay bajos recursos. El asunto es más grave cuando desde la sanidad pública o los seguros te acaban derivando a la sanidad privada, que es atendida por el mismo personal, pero de pago.
Una vía: incrementar la oferta académica en las carreras de Medicina para inmediatamente aplicar la exclusividad en la sanidad pública
El Movimiento Al Socialismo ha tenido 15 años para cambiar esta concepción mercantil de la sanidad, y no es tanto que no lo haya logrado como que apenas lo haya intentado. El SUS fue un parche al final de la última gestión de Evo Morales con más interés electoral que social, y ni qué decir de cómo han reaccionado los patrones de la Central Obrera Boliviana, tan marxistas ellos, ante la mínima sugerencia de integrar las cajas en un gran sistema público con aportación mixta obrero - patronal – Presupuesto General del Estado que sumara esfuerzos para atender a todos los ciudadanos, especialmente a los más humildes.
En cualquier caso, el pasado es pasado. Los médicos están en pie de guerra y el gobierno de Luis Arce tiene que demostrar que va en serio. En Bolivia faltan médicos titulados y médicos con ganas de trabajar en la sanidad pública. El camino para paliar esto es evidente: incrementar la oferta académica en las carreras de Medicina para inmediatamente aplicar la exclusividad en la sanidad pública, aumentando o no las horas de trabajo.
Más temprano que tarde urge esa reforma, y puestos a recomendar, hay que hacerla de frente y con debate televisado en sede parlamentaria. Lo demás es tratar de meter los cambios por la ventana, y eso no ha funcionado en quince años.


