Economía versus salud, una simplificación absurda de la cuarentena
Después de una jornada de incertidumbre, el ministro de la Presidencia, Yerko Núñez, compareció en el Palacio Quemado para informar que no había decisión sobre la cuarentena y emplazar al día siguiente, es decir hoy, para conocer las determinaciones que se van a tomar. El debate, de...
Después de una jornada de incertidumbre, el ministro de la Presidencia, Yerko Núñez, compareció en el Palacio Quemado para informar que no había decisión sobre la cuarentena y emplazar al día siguiente, es decir hoy, para conocer las determinaciones que se van a tomar.
El debate, de esta forma, se alarga un día más. Un debate que se ha simplificado hasta el absurdo contraponiendo salud y economía, como si una pudiera desligarse de la otra. Un debate precipitado por intereses ajenos y que parece tomar en cuenta otro país y no el que tenemos entre manos, pues lo cierto es que la cuarentena por que sí, sin una estrategia médica que la acompañe de forma decisiva, no servirá de nada y dentro de quince días estaremos en una posición similar a la actual. O tal vez peor.
El Gobierno de frágil legitimidad obtuvo entre el 17 y el 22 de marzo el máximo respaldo de todas las instituciones y partidos políticos del país, porque todos entendían que la debilidad del sistema público de salud, unido a la poca disciplina social, podía convertir a Bolivia en un escenario demasiado devastador para el Covid-19. Nada de eso ha cambiado por muchos anuncios que se hagan de créditos y adquisiciones con plazos de entrega de 300 días. Nada, salvo que a partir de ahí, el Gobierno optó por enfrentar la crisis en solitario, sin convocar a un gran diálogo nacional, y tomando decisiones prácticamente unilaterales.
Es verdad que lo económico es importante, y que se podía haber optado por otras medidas más profundas mirando en el mediano plazo en lugar de apostar por medidas de emergencia social con cantidades minúsculas y riesgos grandes. Pero en cualquier caso, no es lo fundamental en este momento.
El 22 de marzo había en el país 27 contagios confirmados y ningún fallecido. Ese era el momento de tomar las previsiones con la economía, que sobre todo pasaban por una acertada estrategia médica
El 22 de marzo había en el país 27 contagios confirmados y ningún fallecido. Ese era el momento de tomar las previsiones con la economía, viendo como la crisis estaba evolucionando en países de todo el mundo y que ya habían evidenciado que la receta no era ni económica, ni política, sino médica.
Hoy hay más de mil enfermos y muchos muertos demasiado jóvenes. El 22 de marzo era el momento de salir a por los contagios, de aislar a todos sus contactos – pero de verdad -, y de mantenerse alerta a todo lo que llegara del exterior. En un país tan disperso y despoblado como el nuestro, con las fronteras cerradas y los viajes provinciales prohibidos y con las decisiones tan adelantadas parecía posible, pero no resultó.
No hay ni un solo indicador que permita atisbar un escenario diferente del que estaba perfilado el 22 de marzo, más al contrario, sí hay una evidencia de fracaso estratégico del que alguien en algún momento tendrá que hacerse responsable.
La decisión no es fácil para el Gobierno, que será quien deba asumir la responsabilidad de la misma en todos los casos, hablen los médicos o hablen los grupos de poder sectorial. Precisamente de eso va gobernar.
El debate, de esta forma, se alarga un día más. Un debate que se ha simplificado hasta el absurdo contraponiendo salud y economía, como si una pudiera desligarse de la otra. Un debate precipitado por intereses ajenos y que parece tomar en cuenta otro país y no el que tenemos entre manos, pues lo cierto es que la cuarentena por que sí, sin una estrategia médica que la acompañe de forma decisiva, no servirá de nada y dentro de quince días estaremos en una posición similar a la actual. O tal vez peor.
El Gobierno de frágil legitimidad obtuvo entre el 17 y el 22 de marzo el máximo respaldo de todas las instituciones y partidos políticos del país, porque todos entendían que la debilidad del sistema público de salud, unido a la poca disciplina social, podía convertir a Bolivia en un escenario demasiado devastador para el Covid-19. Nada de eso ha cambiado por muchos anuncios que se hagan de créditos y adquisiciones con plazos de entrega de 300 días. Nada, salvo que a partir de ahí, el Gobierno optó por enfrentar la crisis en solitario, sin convocar a un gran diálogo nacional, y tomando decisiones prácticamente unilaterales.
Es verdad que lo económico es importante, y que se podía haber optado por otras medidas más profundas mirando en el mediano plazo en lugar de apostar por medidas de emergencia social con cantidades minúsculas y riesgos grandes. Pero en cualquier caso, no es lo fundamental en este momento.
El 22 de marzo había en el país 27 contagios confirmados y ningún fallecido. Ese era el momento de tomar las previsiones con la economía, que sobre todo pasaban por una acertada estrategia médica
El 22 de marzo había en el país 27 contagios confirmados y ningún fallecido. Ese era el momento de tomar las previsiones con la economía, viendo como la crisis estaba evolucionando en países de todo el mundo y que ya habían evidenciado que la receta no era ni económica, ni política, sino médica.
Hoy hay más de mil enfermos y muchos muertos demasiado jóvenes. El 22 de marzo era el momento de salir a por los contagios, de aislar a todos sus contactos – pero de verdad -, y de mantenerse alerta a todo lo que llegara del exterior. En un país tan disperso y despoblado como el nuestro, con las fronteras cerradas y los viajes provinciales prohibidos y con las decisiones tan adelantadas parecía posible, pero no resultó.
No hay ni un solo indicador que permita atisbar un escenario diferente del que estaba perfilado el 22 de marzo, más al contrario, sí hay una evidencia de fracaso estratégico del que alguien en algún momento tendrá que hacerse responsable.
La decisión no es fácil para el Gobierno, que será quien deba asumir la responsabilidad de la misma en todos los casos, hablen los médicos o hablen los grupos de poder sectorial. Precisamente de eso va gobernar.


