El rol del Ministro Navajas en la crisis del Covid
Sea cual sea el punto de vista desde el que se lo mire, las decisiones del Ministerio de Salud, y por ende, del Gobierno de Jeanine Áñez, al respecto de la administración de la toma de muestras para los test diagnósticos de coronavirus en el país no tienen sentido. Tampoco el enroque...
Sea cual sea el punto de vista desde el que se lo mire, las decisiones del Ministerio de Salud, y por ende, del Gobierno de Jeanine Áñez, al respecto de la administración de la toma de muestras para los test diagnósticos de coronavirus en el país no tienen sentido. Tampoco el enroque permanente al que parece haberse entregado el nuevo titular de la cartera, nombrado exprofeso por la presidenta Jeanine Áñez y su entorno más cercano.
Los mensajes contradictorios y las amenazas, ahora sí explícitas, no solo han perturbado a los colectivos médicos y del resto de profesionales de la salud, sino que también han alarmado a Gobernaciones y Municipios, que sin pretenderlo, se van a ver arrastrados por una toma de decisiones de riesgo y sin justificación aparente.
Exigir más pruebas no se trata de un empeño de algunos ni de una estrategia política, sino de pedir que Bolivia siga la senda de los países que han sido exitosos en la lucha contra el virus
Y es que no tiene sentido – por mucho que se matice después - que el ministro de Salud, Marcelo Navajas, instruya que solo se tomen muestras a pacientes sintomáticos muy evidentes – es decir, con un estado de avance de la enfermedad sustancial – y amenace con sanciones a quienes tomen muestras de forma más aleatoria y al mismo tiempo, el flamante embajador para la ciencia y la tecnología de Áñez, Mohamed Mostajo, cuya misión es incierta, anuncie día sí y día también lo fantásticamente bien que se está dotando el país para enfrentar la crisis o los buenos precios que ha conseguido para inundar el país con test PCR, llegando a hablar de hasta 450.000. No basta con un peregrino “están en camino”.
Lo cierto es que ni siquiera se sabe qué pasa con los test donados por la empresa china Alí Baba ni cuando llegarán los nuevos test, pero Navajas desde su primera alocución dejó claro que trasladaba a los médicos la responsabilidad del diagnóstico fiable más allá de las pruebas.
Exigir más pruebas no se trata de un empeño de algunos ni de una estrategia política, como pareció querer decir Navajas el sábado y con menos reparos argumenta el ministro de la Presidencia Yerko Núñez, se trata de pedir que Bolivia siga la senda de los países que han sido exitosos en la lucha contra el virus y de las últimas recomendaciones de la OMS, casi siempre más preocupada por la industria que por los ciudadanos, lo que le hace contemporizar cada una de sus decisiones.
Del virus se han escrito ríos de tinta, pero lo que se sabe es que “muchísimos” contagiados son asintomáticos que igualmente diseminan la enfermedad por todo lado y que por eso no tiene sentido instruir aislamientos domiciliarios sin pruebas a ver si se manifiesta o no se manifiesta, porque en el camino se pueden haber multiplicado los contagios más cercanos. También sabíamos que afectaba más a los adultos más mayores, cosa que no aplica en Bolivia donde la gran mayoría de los fallecidos es menor de 65 años, algo que debería tener una explicación y que no la tiene.
El ministro Navajas decidió abocarse a las estadísticas y las proyecciones “de los que saben de esto”, sin querer entender que en este país la inmensa mayoría de la gente teme ir al médico no tanto por el diagnóstico como por la plata que cuesta, y que tiene una inmensa capacidad de sufrimiento, que le hace pedir ayuda prácticamente en fase terminal, a lo que se suma el estigma creado alrededor de la enfermedad de moda.
En un momento como este no se necesita un Ministro que diga que todo está bien ni un Gobierno que haga cálculos. Se requiere enfrentar la situación con honestidad y priorizando lo importante. No conviene tensionar al país, sino darle certezas.
Los mensajes contradictorios y las amenazas, ahora sí explícitas, no solo han perturbado a los colectivos médicos y del resto de profesionales de la salud, sino que también han alarmado a Gobernaciones y Municipios, que sin pretenderlo, se van a ver arrastrados por una toma de decisiones de riesgo y sin justificación aparente.
Exigir más pruebas no se trata de un empeño de algunos ni de una estrategia política, sino de pedir que Bolivia siga la senda de los países que han sido exitosos en la lucha contra el virus
Y es que no tiene sentido – por mucho que se matice después - que el ministro de Salud, Marcelo Navajas, instruya que solo se tomen muestras a pacientes sintomáticos muy evidentes – es decir, con un estado de avance de la enfermedad sustancial – y amenace con sanciones a quienes tomen muestras de forma más aleatoria y al mismo tiempo, el flamante embajador para la ciencia y la tecnología de Áñez, Mohamed Mostajo, cuya misión es incierta, anuncie día sí y día también lo fantásticamente bien que se está dotando el país para enfrentar la crisis o los buenos precios que ha conseguido para inundar el país con test PCR, llegando a hablar de hasta 450.000. No basta con un peregrino “están en camino”.
Lo cierto es que ni siquiera se sabe qué pasa con los test donados por la empresa china Alí Baba ni cuando llegarán los nuevos test, pero Navajas desde su primera alocución dejó claro que trasladaba a los médicos la responsabilidad del diagnóstico fiable más allá de las pruebas.
Exigir más pruebas no se trata de un empeño de algunos ni de una estrategia política, como pareció querer decir Navajas el sábado y con menos reparos argumenta el ministro de la Presidencia Yerko Núñez, se trata de pedir que Bolivia siga la senda de los países que han sido exitosos en la lucha contra el virus y de las últimas recomendaciones de la OMS, casi siempre más preocupada por la industria que por los ciudadanos, lo que le hace contemporizar cada una de sus decisiones.
Del virus se han escrito ríos de tinta, pero lo que se sabe es que “muchísimos” contagiados son asintomáticos que igualmente diseminan la enfermedad por todo lado y que por eso no tiene sentido instruir aislamientos domiciliarios sin pruebas a ver si se manifiesta o no se manifiesta, porque en el camino se pueden haber multiplicado los contagios más cercanos. También sabíamos que afectaba más a los adultos más mayores, cosa que no aplica en Bolivia donde la gran mayoría de los fallecidos es menor de 65 años, algo que debería tener una explicación y que no la tiene.
El ministro Navajas decidió abocarse a las estadísticas y las proyecciones “de los que saben de esto”, sin querer entender que en este país la inmensa mayoría de la gente teme ir al médico no tanto por el diagnóstico como por la plata que cuesta, y que tiene una inmensa capacidad de sufrimiento, que le hace pedir ayuda prácticamente en fase terminal, a lo que se suma el estigma creado alrededor de la enfermedad de moda.
En un momento como este no se necesita un Ministro que diga que todo está bien ni un Gobierno que haga cálculos. Se requiere enfrentar la situación con honestidad y priorizando lo importante. No conviene tensionar al país, sino darle certezas.


