Cuarentena, pero con apoyo a la generación de empleo
Por alguna razón aun no expuesta, las autoridades políticas han decidido retrasar la decisión sobre el alargamiento de la cuarentena hasta el último momento, una decisión sobre la que las autoridades médicas no tienen ninguna duda: hay que ampliar porque lo peor está por llegar. El...
Por alguna razón aun no expuesta, las autoridades políticas han decidido retrasar la decisión sobre el alargamiento de la cuarentena hasta el último momento, una decisión sobre la que las autoridades médicas no tienen ninguna duda: hay que ampliar porque lo peor está por llegar.
El ministro de Salud, Marcelo Navajas, no quiso pronunciarse al respecto en la presentación del plan estratégico diseñado para enfrentar la pandemia, aunque no prevé una masificación de pruebas diagnósticas y sí un mayor control de los pacientes contagiados y sospechosos, por lo que parece evidente que la situación se dará.
La pasada semana, cuando los casos crecían en el eje central y no en los departamentos periféricos – donde el número de test realizados es inmisericorde -, se empezó a rumorear una cuarentena regionalizada. Idea que permitía reconciliarse con algunos nichos agotados de encierro y extremar la atención en el eje. La eclosión de casos en Oruro, luego de tres semanas de halagos y aplausos – si pruebas – ha aplastado esa posibilidad.
El problema parece radicar en las medidas económicas que deben necesariamente acompañar al decreto de ampliación de cuarentena, y que ya deben estar enfocadas en la recuperación posterior.
Hasta ahora, las medidas relacionadas a los bonos y gratuidad de servicios han servido para dejar tranquila a una parte de la población, aunque su aplicación práctica está resultando tormentosa al utilizar la fórmula bancaria sin obligar a los bancos a tener abiertas sus oficinas, y que en buena parte se está comiendo la inflación.
La medida de la suspensión temporal del pago de créditos también está teniendo una función laxante en el corto plazo, aunque a medida que se acerca la fecha de levantamiento de medidas empiezan las preocupaciones de verdad: el trabajo.
Los bonos, pagos de servicios y aplazamiento de créditos han desahogado la urgencia, pero toca concentrarse en el empleo
Las limitaciones obvias para controlar el cumplimiento de las medidas de la cuarentena han permitido que ese sector al que se le denomina “los que ganan del día” puedan darse formas para conseguir lo básico, que junto a los bonos puede resultar suficiente, sin embargo, el sector profesional más o menos cualificado es el que está teniendo más dificultades.
La inmensa mayoría de las empresas, industrias y comercios, particularmente las del sector servicios – incluyendo choferes, plomeros, albañiles, cuidadores, cocineras, meseros, dentistas, etc. - están en problemas por motivos obvios: la gente está en sus casas y no consumiendo. Tal vez la única buena noticia en todo esto es que el contrabando parece haberse frenado drásticamente, lo cual debería ser acompañado con una campaña exhaustiva del “Consume lo Nuestro”.
Tres semanas después, son las empresas, tanto grandes como pequeñas, las que empiezan a dar síntomas de agotamiento financiero y las que requieren de medidas generosas de apoyo con un propósito: proteger el empleo, lo que muchas veces pasa por flexibilizar jornadas, asumir cuotas, e incluso, facilitar la quiebra.
En el país de los perdonazos y con un Estado al borde de la quiebra por la caída del petróleo y el desgaste de sus propias empresas entre otras cosas que afectan en sus ingresos, parece necesario cuidar al menos al sector privado para que el país siga funcionando.
El ministro de Salud, Marcelo Navajas, no quiso pronunciarse al respecto en la presentación del plan estratégico diseñado para enfrentar la pandemia, aunque no prevé una masificación de pruebas diagnósticas y sí un mayor control de los pacientes contagiados y sospechosos, por lo que parece evidente que la situación se dará.
La pasada semana, cuando los casos crecían en el eje central y no en los departamentos periféricos – donde el número de test realizados es inmisericorde -, se empezó a rumorear una cuarentena regionalizada. Idea que permitía reconciliarse con algunos nichos agotados de encierro y extremar la atención en el eje. La eclosión de casos en Oruro, luego de tres semanas de halagos y aplausos – si pruebas – ha aplastado esa posibilidad.
El problema parece radicar en las medidas económicas que deben necesariamente acompañar al decreto de ampliación de cuarentena, y que ya deben estar enfocadas en la recuperación posterior.
Hasta ahora, las medidas relacionadas a los bonos y gratuidad de servicios han servido para dejar tranquila a una parte de la población, aunque su aplicación práctica está resultando tormentosa al utilizar la fórmula bancaria sin obligar a los bancos a tener abiertas sus oficinas, y que en buena parte se está comiendo la inflación.
La medida de la suspensión temporal del pago de créditos también está teniendo una función laxante en el corto plazo, aunque a medida que se acerca la fecha de levantamiento de medidas empiezan las preocupaciones de verdad: el trabajo.
Los bonos, pagos de servicios y aplazamiento de créditos han desahogado la urgencia, pero toca concentrarse en el empleo
Las limitaciones obvias para controlar el cumplimiento de las medidas de la cuarentena han permitido que ese sector al que se le denomina “los que ganan del día” puedan darse formas para conseguir lo básico, que junto a los bonos puede resultar suficiente, sin embargo, el sector profesional más o menos cualificado es el que está teniendo más dificultades.
La inmensa mayoría de las empresas, industrias y comercios, particularmente las del sector servicios – incluyendo choferes, plomeros, albañiles, cuidadores, cocineras, meseros, dentistas, etc. - están en problemas por motivos obvios: la gente está en sus casas y no consumiendo. Tal vez la única buena noticia en todo esto es que el contrabando parece haberse frenado drásticamente, lo cual debería ser acompañado con una campaña exhaustiva del “Consume lo Nuestro”.
Tres semanas después, son las empresas, tanto grandes como pequeñas, las que empiezan a dar síntomas de agotamiento financiero y las que requieren de medidas generosas de apoyo con un propósito: proteger el empleo, lo que muchas veces pasa por flexibilizar jornadas, asumir cuotas, e incluso, facilitar la quiebra.
En el país de los perdonazos y con un Estado al borde de la quiebra por la caída del petróleo y el desgaste de sus propias empresas entre otras cosas que afectan en sus ingresos, parece necesario cuidar al menos al sector privado para que el país siga funcionando.


