Repensar el sistema de Salud de Bolivia después del coronavirus
No hay duda de que el esfuerzo humano en un país con uno de los peores sistemas sanitarios del mundo, como es Bolivia, resultará clave para superar la crisis del coronavirus que ya empieza a dar evidencias de su escalada. Solo a través del cumplimiento escrupuloso de la cuarentena y las...
No hay duda de que el esfuerzo humano en un país con uno de los peores sistemas sanitarios del mundo, como es Bolivia, resultará clave para superar la crisis del coronavirus que ya empieza a dar evidencias de su escalada. Solo a través del cumplimiento escrupuloso de la cuarentena y las medidas de higiene de los ciudadanos, y el esfuerzo y buen tino de los profesionales, Bolivia podrá contener la pandemia y recuperar una vida normal.
Cuando eso pase, será tiempo de hacer balance y aprender de los grandes errores del pasado y del presente, y sentar las bases para un nuevo sistema de salud que realmente cumpla las expectativas de todos los bolivianos.
Sobre el sistema actual pesa ya la tasa de mortalidad de enfermos de coronavirus más alta del continente, cuando no se puede decir siquiera que las Unidades de Cuidados Intensivos hayan empezado a colapsarse ni ligeramente. Sobre el sistema actual pesan también algunas intervenciones cuestionables con resultado fatídico, como la de aquel paciente que salió de una clínica privada para morir deambulando en ambulancia por La Paz.
No tiene sentido pagar una vida entera seguros médicos que a la hora de la verdad se deshacen de los pacientes y los derivan al sector público
Algo de razón tienen tanto los que dicen que el anterior Gobierno se dedicó a construir canchas de fútbol en lugar de hospitales, y los que lo niegan aseverando que hay docenas de nuevos centros médicos en todo el país. En Tarija, por ejemplo, tendremos tres hospitales nuevos de nunca acabar – el de Yacuiba, el Materno y el Oncológico – y docenas de centros de salud municipales que arrancaron con la gestión de Evo Morales, pero que básicamente no tienen resuelto los asuntos esenciales: equipamiento y personal.
Los errores fueron muchos, pero tal vez el peor de todos haya sido no ordenar un sistema sanitario y subordinarlo al interés general, por encima de los intereses sectoriales y de grupo que tradicionalmente han gobernado el país, y que lo siguen haciendo. La dicotomía entre el servicio público, las cajas privadas y las clínicas aún más privadas acabaron convirtiendo la salud muchas veces en un negocio inescrupuloso que ha vaciado más bolsillos que vidas ha salvado.
El MAS de las grandes mayorías, en su mediocridad de acción, nunca fue capaz de ordenar el sistema para optimizar los recursos y garantizar la atención sanitaria universal. De hecho, cuando se acordó de implementar el Sistema Universal de Salud, tal vez la piedra más fundamental de cualquier gobierno que quisiera llamarse socialista, quedaban nueve meses para unas elecciones que tenía perdidas luego de 14 años de viaje hacia ninguna parte.
Hoy, con la pandemia planeando sobre el país y ya incrustado en las clases populares, la única esperanza pasa por el sistema público abandonado e infradotado por años. Mientras, el Gobierno y su Ministerio de Salud, guardián de los intereses corporativos, se esfuerza en promocionar sus hospitales “centinela” al tiempo que pide que nadie con Covid acuda a clínicas privadas ni seguros sociales, como si estos no tuvieran exactamente la misión de atender a sus afiliados o clientes brindando el servicio profesional.
No tiene sentido pagar una vida entera seguros médicos que a la hora de la verdad se deshacen de los pacientes. El SUS ha desaparecido del debate público y es oficialmente “ignorado”, pero más temprano que tarde será necesaria una reconstrucción del sistema, desde abajo.
Cuando eso pase, será tiempo de hacer balance y aprender de los grandes errores del pasado y del presente, y sentar las bases para un nuevo sistema de salud que realmente cumpla las expectativas de todos los bolivianos.
Sobre el sistema actual pesa ya la tasa de mortalidad de enfermos de coronavirus más alta del continente, cuando no se puede decir siquiera que las Unidades de Cuidados Intensivos hayan empezado a colapsarse ni ligeramente. Sobre el sistema actual pesan también algunas intervenciones cuestionables con resultado fatídico, como la de aquel paciente que salió de una clínica privada para morir deambulando en ambulancia por La Paz.
No tiene sentido pagar una vida entera seguros médicos que a la hora de la verdad se deshacen de los pacientes y los derivan al sector público
Algo de razón tienen tanto los que dicen que el anterior Gobierno se dedicó a construir canchas de fútbol en lugar de hospitales, y los que lo niegan aseverando que hay docenas de nuevos centros médicos en todo el país. En Tarija, por ejemplo, tendremos tres hospitales nuevos de nunca acabar – el de Yacuiba, el Materno y el Oncológico – y docenas de centros de salud municipales que arrancaron con la gestión de Evo Morales, pero que básicamente no tienen resuelto los asuntos esenciales: equipamiento y personal.
Los errores fueron muchos, pero tal vez el peor de todos haya sido no ordenar un sistema sanitario y subordinarlo al interés general, por encima de los intereses sectoriales y de grupo que tradicionalmente han gobernado el país, y que lo siguen haciendo. La dicotomía entre el servicio público, las cajas privadas y las clínicas aún más privadas acabaron convirtiendo la salud muchas veces en un negocio inescrupuloso que ha vaciado más bolsillos que vidas ha salvado.
El MAS de las grandes mayorías, en su mediocridad de acción, nunca fue capaz de ordenar el sistema para optimizar los recursos y garantizar la atención sanitaria universal. De hecho, cuando se acordó de implementar el Sistema Universal de Salud, tal vez la piedra más fundamental de cualquier gobierno que quisiera llamarse socialista, quedaban nueve meses para unas elecciones que tenía perdidas luego de 14 años de viaje hacia ninguna parte.
Hoy, con la pandemia planeando sobre el país y ya incrustado en las clases populares, la única esperanza pasa por el sistema público abandonado e infradotado por años. Mientras, el Gobierno y su Ministerio de Salud, guardián de los intereses corporativos, se esfuerza en promocionar sus hospitales “centinela” al tiempo que pide que nadie con Covid acuda a clínicas privadas ni seguros sociales, como si estos no tuvieran exactamente la misión de atender a sus afiliados o clientes brindando el servicio profesional.
No tiene sentido pagar una vida entera seguros médicos que a la hora de la verdad se deshacen de los pacientes. El SUS ha desaparecido del debate público y es oficialmente “ignorado”, pero más temprano que tarde será necesaria una reconstrucción del sistema, desde abajo.


