Diálogo nacional para enfrentar el coronavirus

Casi un mes después de que la crisis del coronavirus explotara en Bolivia el 10 de marzo, tras casi dos meses de que el virus danzara de frontera en frontera y de país en país, la situación amerita una definición estratégica que involucre a todos los sectores y que permita salir airosos del...

Casi un mes después de que la crisis del coronavirus explotara en Bolivia el 10 de marzo, tras casi dos meses de que el virus danzara de frontera en frontera y de país en país, la situación amerita una definición estratégica que involucre a todos los sectores y que permita salir airosos del desafío.

La situación de excepcionalidad del Gobierno permitió que en primera instancia se respaldaran todas las medidas tomadas, por muy duras que parecieran, ante el temor que generaba tanto el virus como el sistema de salud boliviano. Con todo, muchas de las medidas se fueron tomando a remolque de las circunstancias e incluso luego de criticarlas: cierre de colegios, paralización del transporte interdepartamental, etc.

La suspensión de las elecciones y la actitud tomada por todos los candidatos, que en general han dado un paso al costado para no ensuciar una situación de por sí compleja, permitió al Gobierno - candidato ocupar todo el espectro público y mostrar una iniciativa que a los pocos días se ha visto desgastada. La estrategia del miedo a las fuerzas de seguridad desplegadas por los Ministerios de Gobierno y Defensa han perdido efectividad con el paso de las semanas, pues lo que aprieta es el hambre; y la estrategia comunicacional basada en la “Presidenta – madre que se preocupa por todos los bolivianos” también ha pinchado por lo limitado de las medidas económicas, pues siempre entran en confrontación con los intereses sectoriales que gobiernan este país desde tiempos inmemoriales.
El problema, que originalmente tenía un contenido político, se ha trasladado a un problema médico por la opacidad de los datos y el manejo de aspectos técnicos desde el interés “popular”
El problema, que originalmente tenía un contenido político, se ha trasladado a un problema médico por la opacidad de los datos y el manejo de aspectos técnicos desde el interés “popular”, que se confunde con frecuencia con el electoral. El Gobierno trata de mostrar control de la situación mientras siguen apareciendo muertos sin diagnóstico y el virus se propaga por el área rural de Cochabamba sin pausa. Mientras, los “hospitales centinela”, elegidos cuidadosamente para no molestar a los vecinos, no funcionan como se supone que lo deberían hacer.

El aspecto central es que no hay pruebas. Tras las donaciones de test – que en Tarija no conocen pese al bombo que se le dio – y equipos de laboratorio, apenas se han seguido realizando 120 al día, y aunque el Ministro habla de elevar el número a 1.300, el protocolo sigue estipulando triar muy bien a los pacientes a los que se somete a la prueba, justo en línea contraria a lo que recomienda la OMS.

En medio de esta situación y probablemente motivado por el caos económico que ya se percibe, aparecen en el escenario multitud de globos sonda sugiriendo el fin de la cuarentena o su “regionalización” a partir del 15 de abril mientras se convocan concursos públicos sobre “ideas para gestionar la crisis”.

La unilateralidad en este asunto no es posible, menos con un gobierno interino y de transición, que además quiso hacer política luego de la mayor crisis institucional de los últimos 15 años en Bolivia. Es necesario que el Gobierno convoque ya a líderes regionales, municipales y a las fuerzas políticas para trazar un plan conjunto que supere la situación médica y siente las bases de la recuperación económica ineludible. La situación lo amerita.

Más del autor
Tema del día
Tema del día