El riesgo de los mensajes optimistas con el coronavirus
La política comunicacional del Gobierno en la lucha contra el coronavirus está a punto de hacer aguas, y no pasaría nada si fuera simplemente un asunto comunicacional que no atingiera al centro de la estrategia misma de la defensa nacional contra un virus del que todavía no sabemos que...
La política comunicacional del Gobierno en la lucha contra el coronavirus está a punto de hacer aguas, y no pasaría nada si fuera simplemente un asunto comunicacional que no atingiera al centro de la estrategia misma de la defensa nacional contra un virus del que todavía no sabemos que consecuencias puede dejar en la salud, pero sobre el que no hay duda de las que va a dejar en lo económico.
Lo contradictorio del manejo de la situación ha alcanzado su clímax este domingo cuando el Ministro de la Presidencia, Yerko Núñez, ha convocado una suerte de concurso de ideas para la presentación de propuestas que ayuden a fortalecer las estrategias encaradas en diferentes áreas para evitar la propagación del coronavirus. Para unos, una forma de contratar la enésima consultora política que gestione la crisis; para otros, una capitulación.
En un momento donde los casos empiezan a saltar y se empiezan a registrar muertos que no fueron identificados y familias contaminadas que no están siendo atendidas, resulta imprudente hablar de “mesetas”, “optimismo” y “buenos resultados”.
Lo cierto es que hasta el pasado jueves el país se encontraba técnicamente desprotegido, con apenas 1.500 test en los almacenes y algunos laboratorios habilitados en el país. Desde entonces, con la donación privada de una empresa china, se supone estamos mejor, pues a estas alturas nadie se atreve a cuestionar la calidad de esos test.
20.000 pruebas no es la panacea, pero estamos algo mejor para enfrentar el caos. Las pruebas han subido de 60 diarias a unas 150 diarias en los últimos tres días, y se espera que en ese sentido, se puedan identificar más contagiados y sus contactos y de esa manera mejorar el aislamiento preventivo, que como se está viendo en Montero y en otras localidades menores, nunca es tan extremo si los síntomas no son graves.
En un escenario populista como el que se mueve la región, y preelectoral, por mucho que las elecciones se hayan trasladado sin fecha a otro momento, la necesidad de mostrar el asunto como controlado está entrando en colisión con los mensajes de “pánico y terror” que al principio se comunicaban a través de la movilización policial y militar y que ya ha saltado a las pantallas con algún desafortunado spot en el que se carga contra los “irresponsables” que desafían al virus sin medir las consecuencias.
En un momento como el actual, donde los casos recién empiezan a saltar y se empiezan a registrar muertos que no fueron identificados y familias contaminadas que no están siendo atendidas, resulta imprudente que desde el Ministerio se hable de “mesetas”, “optimismo” y “buenos resultados”.
Sí todo está bien, ¿por qué deberíamos siquiera plantear que se alargue la cuarentena? Si todo está controlado, ¿por qué insistir en comprar y comprar equipos y más equipos? Estamos en un momento de alto riesgo donde la comunicación pasa por ser clave en un país en el que más de la mitad de sus ciudadanos necesita salir a la calle para comer del día y la otra mitad necesita producir para pagar sus créditos y sus afanes.
Es tiempo de ser responsable con los datos y comunicar con transparencia. No es tiempo de generar pánico y tampoco de crear falsas expectativas. Estamos en el momento crucial, no es tiempo de repartir medallas.
Lo contradictorio del manejo de la situación ha alcanzado su clímax este domingo cuando el Ministro de la Presidencia, Yerko Núñez, ha convocado una suerte de concurso de ideas para la presentación de propuestas que ayuden a fortalecer las estrategias encaradas en diferentes áreas para evitar la propagación del coronavirus. Para unos, una forma de contratar la enésima consultora política que gestione la crisis; para otros, una capitulación.
En un momento donde los casos empiezan a saltar y se empiezan a registrar muertos que no fueron identificados y familias contaminadas que no están siendo atendidas, resulta imprudente hablar de “mesetas”, “optimismo” y “buenos resultados”.
Lo cierto es que hasta el pasado jueves el país se encontraba técnicamente desprotegido, con apenas 1.500 test en los almacenes y algunos laboratorios habilitados en el país. Desde entonces, con la donación privada de una empresa china, se supone estamos mejor, pues a estas alturas nadie se atreve a cuestionar la calidad de esos test.
20.000 pruebas no es la panacea, pero estamos algo mejor para enfrentar el caos. Las pruebas han subido de 60 diarias a unas 150 diarias en los últimos tres días, y se espera que en ese sentido, se puedan identificar más contagiados y sus contactos y de esa manera mejorar el aislamiento preventivo, que como se está viendo en Montero y en otras localidades menores, nunca es tan extremo si los síntomas no son graves.
En un escenario populista como el que se mueve la región, y preelectoral, por mucho que las elecciones se hayan trasladado sin fecha a otro momento, la necesidad de mostrar el asunto como controlado está entrando en colisión con los mensajes de “pánico y terror” que al principio se comunicaban a través de la movilización policial y militar y que ya ha saltado a las pantallas con algún desafortunado spot en el que se carga contra los “irresponsables” que desafían al virus sin medir las consecuencias.
En un momento como el actual, donde los casos recién empiezan a saltar y se empiezan a registrar muertos que no fueron identificados y familias contaminadas que no están siendo atendidas, resulta imprudente que desde el Ministerio se hable de “mesetas”, “optimismo” y “buenos resultados”.
Sí todo está bien, ¿por qué deberíamos siquiera plantear que se alargue la cuarentena? Si todo está controlado, ¿por qué insistir en comprar y comprar equipos y más equipos? Estamos en un momento de alto riesgo donde la comunicación pasa por ser clave en un país en el que más de la mitad de sus ciudadanos necesita salir a la calle para comer del día y la otra mitad necesita producir para pagar sus créditos y sus afanes.
Es tiempo de ser responsable con los datos y comunicar con transparencia. No es tiempo de generar pánico y tampoco de crear falsas expectativas. Estamos en el momento crucial, no es tiempo de repartir medallas.


